Cuando la música te puede salvar la vida, literalmente

El 14 de septiembre de 2008, el DJ Professor Angel Dust y su mujer fueron detenidos en el aeropuerto de Tocumen, Panamá, cuando iban a coger un vuelo de regreso a Barcelona. Cada uno llevaba dos kilos y medio de cocaína pegados al cuerpo con cinta adhesiva. Su hija de dos años, que viajaba con ellos, fue llevada a un orfanato; a ellos los encerraron en dos cárceles distintas.

Cuando el realizador Héctor Herrera, amigo personal de Angel, se enteró de la situación, supo que debía hacer algo. Siendo panameño, sabía exactamente a lo que su amigo se exponía: insalubridad, pandillas violentas y corrupción. Un lugar hostil para un chico rubio, pálido y delgado que no había sido detenido nunca. Un día después de conocer la noticia, Herrera aterrizaba en Panamá acompañado de Mauricio López, hermano pequeño del DJ.

Lo que empezó siendo una visita para ayudar, acabó convirtiéndose en el documental “Angels & Dust”, que estrenará La 2 el próximo 10 de agosto.

El documental retrata las peripecias de Paco —así es como le conocen sus amigos— en los centros penitenciarios La Joya y El Renacer. En condiciones normales hubiese sido imposible grabar en las cárceles, pero Herrera no era un desconocido. En 2002, dirigió el documental One Dollar: El Precio de la Vida, que refleja la violenta realidad en el gueto de Panamá City con toda crudeza. La película se convirtió en en una cinta de culto para muchos jóvenes del país, y su popularidad del documental permitió que Herrera se ganara el permiso de los guardias y el respeto del resto de presos.

Herrera no se conformó con ser un testimonio. Paralelamente a la grabación, hizo todo lo posible para ayudar a que Paco, su mujer Kene (que se encontraba en una cárcel distinta) y, sobre todo, la hija de ambos mejoraran su situación. Una de sus gestiones acabaría siendo clave para que Paco pudiese volver a tomar las riendas de su vida. “Mientras él estaba en La Joya, yo me enteré que en El Renacer había un estudio de grabación. Conocía a gente que estaba dentro y me decían, ‘traelo pa acá que le vamos a poner hasta un secretario, que aquí hace falta un productor musical’”, dice Herrera.

Consiguieron el traslado, y Paco pudo entrar en contacto con el estudio. “Era un estudio muy primario, solo había un ordenador viejo. El estudio era de un grupito y no dejaban que los demás internos entraran. Ni siquiera hacían música. La mayoría del tiempo se lo pasaban tirados en el sofá fumando marihuana y explicando sus batallitas”, recuerda el DJ. Para ganarse su confianza, Paco le propuso a Matón, el cabecilla, grabar algunos tracks juntos. Al rapero le gustó el resultado y permitió que el DJ entrara en su círculo.

Cuando Matón fue liberado, Paco cogió las riendas del estudio. Consiguió algunos programas y llegó una donación desde Barcelona: un Mac, una tarjeta de sonido, unos auriculares, un teclado midi y librerías de sonidos. Cuando lo tuvo todo montado, prohibió que se fumara hierba en estudio y lo abrió para todos los presos.

Además de re-activar su carrera como productor, Paco se propuso convertir el estudio en un programa de re-habilitación para otros reos. “Me parecía estúpido que se estuvieran grabando canciones de apología a la violencia. Eso no servía para nada. Mi objetivo era convertir la actividad en el estudio en un programa oficial y eso era imposible haciendo apología de la violencia”, dice.

Escribió la canción Paz en el Guetto y la grabó con la colaboración de otros presos. Tras interpretarla en la cárcel, la canción llegó a manos del cantante Manuel Corredera, quién le propuso volver a grabarla en un estudio profesional y con artistas conocidos —un poco en la estela de “We Are The World”—. Así se convirtió en una suerte de himno nacional y Paco acabaría pidiendo un permiso para interpretarla delante de 10.000 personas en el Concierto por la Paz de 2011.

Su participación en el concierto sirvió para consolidar su programa de rehabilitación a través de la música. Gracias a su insistencia, Paco logró que las autoridades aceptaran que pudiese conmutar su trabajo en el estudio para reducir su condena. La confirmación definitiva le llegó en febrero, y el pasado mes de septiembre fue liberado. Una vez más, la música le había salvado la vida. Esta vez, probablemente, de forma literal.

Fuente: PlayGround, Por: Jordy Berrocal

El famoso mató a la estrella de la cabina

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“Llego con mi ordenador, lo conecto y le voy dando a la tecla de intro. Todos hacemos lo mismo”. Así resume sus sesiones Deadmau5 en un artículo publicado en su propia web y titulado Todos le damos al botón de play. El canadiense es uno de los grandes nombres de la electrónica actual. Forbes calcula que este dj vale unos 15 millones de euros y esta temporada ha entrado en la alineación de Hakkasan, el megaclub de Las Vegas, que le paga unos 300.000 euros por sesión. Cuando Paris Hilton hizo su debut tras los platos en 2012 en un evento en São Paulo, el resultado fue un esperpento. Se equivocó de canción varias veces, se le descontroló el volumen, parecía estar más pendiente de buscar un espejo en el que comprobar lo bien que le sentaba su atuendo y cada vez que le echaba un vistazo a la mesa de mezclas parecía que había avistado un ovni. Entonces, Deadmau5 declaró: “Seamos sinceros, los mayas vieron venir este apocalipsis”.

Paris Hilton puede atraer a gente más diversa”, defiende su mánager
Este mes de agosto, Paris vuelve a Amnesia, en Ibiza, donde todos los miércoles pinchará y será anfitriona de una fiesta llamada Foam & Diamonds. “Paris no es una dj, es una celebridad”, aclara Harold Gallo, su mánager. “Pero la fiesta el año pasado fue un éxito. Nadie creía en nosotros y en la isla hubo muchas críticas cuando se supo que ella iba a estar en Amnesia. Soy consciente de que mucha gente se acercó para ver si se equivocaba. Pero aquí estamos otro año más. Paris ya no es una turista en Ibiza, es parte activa de lo que pasa en la isla”.

Ha transcurrido más de una década desde que los famosos empezaron a ponerse tras los platos en busca de diversión, atención, reconocimiento, dinero, o lo que fuera. Con el tiempo, cada vez han sido más los que han encontrado en el oficio de dj una salida tan vanidosa como lucrativa. Lo que ha sucedido durante este tiempo es que los dj’s también se han convertido en celebridades. Y como termina sucediendo en casi todo, el nivel se ha igualado por abajo. Es complicado hoy saber quién le echa más morro al asunto: el famoso convertido en dj o el dj que ya aparece con regularidad en la prensa del corazón. Por cada broma al respecto del hijo de Tom Cruise, Connor, pinchando en la inauguración de una fiesta utilizando una lista en Spotify que contiene temas de Coldplay o Beyoncé, existe un vídeo de David Guetta, el millonario dj y productor, haciendo de cheerleader tras la cabina, brazos en alto, mientras el espíritu santo dispara samplers y efectos. “David se ha hecho en el mundo de la música. En cambio, Paris viene de otro lugar y puede atraer a gente más diversa. Son historias diferentes, pero no deberían ser excluyentes. En Ibiza creo que hay que dejar de lado la competición y centrarse en el buen rollo”, justifica el mánager de Hilton.

El actor Elijah Wood en una fiesta de Lacoste. / GETTY
Elijah Wood pincha bajo el nombre de DJ Wooden Wisdom, y aunque se le conceden ciertas credenciales en el underground —es propietario de Simian Records, un sello de música indie—, se le critica por poner caras de actor mientras mezcla canciones. Sasha Grey tiene una banda de rock gótico (aTelecine) y también es dj. Hizo porno y le gusta hablar de Godard en sus entrevistas. Ambos comparten reparto en la última de Nacho Vigalondo (Open windows), demostrando que hoy día es casi imposible hacer una película, una serie o un reality sin que alguno de tus protagonistas sea también pinchadiscos.

El actor que interpreta a Hodor en Juego de tronos pincha. Snookie, de Jersey shore, pincha. La otra facción que cada día pisa más fuerte en el universo del dj celebridad es la de los hijos de o hermanos de quien sea. Solange Knowles, hermana de Beyoncé se reivindica utilizando vinilos. Asia Argento mantiene en vilo a todos los que la contratan, gracias a una bien cimentada reputación de personaje imprevisible y elusivo. Alexandra Richards, hija de Keith Richards, ha hecho sus pinitos, triunfando más en Instagram que en la pista. Daisy Lowe, modelo y descendiente del vocalista de Bush, la banda posgrunge, fue de las primeras en ser captadas por las marcas para poner discos en sus fiestas posdesfile. Ella juega también en la liga de las it-girls convertidas en pincha, como Alexa Chung. El modelo Jesús Luz aprovechó su periodo como pareja de Madonna para ponerse tras los platos. Pierre Sarkozy se ha hecho habitual de las cabinas de la noche madrileña.

Pierre Sarkozy en la sala madrileña Gabana 1800. / JOE SCARNICI (GETTY)
“Para mí, es un divertimento. No tengo platos en casa, ni me lo tomo excesivamente en serio”, dice David Delfín. El diseñador arrancó su carrera como dj en una fiesta en Barcelona organizada por la ilustradora y agitadora nocturna Silvia Prada. Pone discos junto a su amiga Bimba Bosé o con Mario Vaquerizo y Alaska. Mientras, prepara su próxima colección. “Yo ya casi no salgo, pero cuando me llaman para pinchar es una excusa para hacerlo. No poseo una técnica depurada, pero estudié piano y solfeo, por lo que oído tengo. No me preparo las sesiones más allá de la primera canción; luego, ya veremos. Con Bimba, cada uno pincha un tema, y eso es un reto divertido”.

Aparte de facturar un extra y hacerse presente, ejercer de dj, para alguien que viene de otro ámbito, realmente, ¿es más útil que aparecer en, pongamos, Sálvame? “Mira, todo son procesos creativos”, recalca Delfín. “Pinchar también lo es. No te diré que eso afecta a mis colecciones, pero hacerlo te mantiene vivo, alerta, despierto. No tengo ninguna intención de hacerme profesional de esto, pero me divierte y cada vez lo hago mejor”. En 1998, el discurso de Delfín hubiera sonado a excusa o boutade. Hoy, tiene todo el sentido del mundo. Al final va a resultar que los turistas se lo toman mucho más en serio que los profesionales. En este mundo y entre esta gente, solo se trata de darle al play. Macaulay Culkin lo tiene claro: por eso sus fiestas en Nueva York se llaman ‘El iPod de Maculay‘. Lo conecta. Y la gente baila. O le mira.

Fuente: El País – por: Xavi Sancho