¿Es Kraftwerk la banda más importante del Siglo XX?


La influencia interminable. ¿Es Kraftwerk la banda más importante del Siglo XX? | PlayGround | Articulos Musica
 

Es difícil imaginar cómo sería la música de nuestros días si Kraftwerk no hubieran existido. Su fusión de electrónica, sensibilidad pop y mitología tecnológica sobrevuela toda la música popular de los últimos cuarenta años. Coincidiendo con su regreso al Sónar, repasamos su inabarcable legado para hacernos la pregunta que todo el mundo tiene miedo a plantearse.

 

 

A la hora de hablar de los artistas más influyentes del siglo XX suele haber consenso alrededor de nombres como Chuck Berry, Elvis, The Beatles o The Rolling Stones. Sin embargo, probablemente ninguno de ellos tenga la mismo ascendencia sobre la actual fisonomía del pop como Kraftwerk. Algunos les definen como los Beatles de la música electrónica pero, analizada con frialdad, esta afirmación acaba por quedarse corta. Es innegable que, en su momento, los Beatles definieron el canon de la música pop, pero el rastro de los de Düsseldorf abarca mucho más allá. Tanto, que se hace difícil de imaginar cómo sería la música de nuestros días si Kraftwerk no hubieran existido. La prueba es simple: si uno analiza tanto las sonoridades como el modo en que se construyen los grandes éxitos del mainstream actual, ¿escucha acordes de guitarra o sonidos sintetizados producidos con ordenadores? La respuesta salta a la vista.

 

kraftwerk-ralfflorian_040613_1370363529_60_.jpg“Ralf & Florian” 1973
 

Ralf Hütter y Florian Schneider se conocieron a finales de los sesenta en un curso de improvisación musical en el conservatorio de Düsseldorf. Atraídos por los aires renovadores de la escena experimental alemana, formaron parte de la banda Organisation antes de fundar Kraftwerk en 1970.

Aunque las primeras grabaciones del grupo ya daban algunos indicios de sus señas de identidad –la referencias industriales en los títulos de canciones y el artwork, por ejemplo–, en el plano sonoro “Kraftwerk” y “Kraftwerk 2”distaban mucho de ser realmente revolucionarios. Eran dos buenos discos de krautrock y mostraban un especial interés en el uso de los por entonces novedosos sintetizadores, pero sus códigos estaban todavía muy ligados a la abstracción e improvisación que dominaba el rock experimental alemán de la época. En “Ralf & Florian” empezaron a profundizar en estructuras y melodías más definidas –ya con el sintetizador como herramienta principal–, pero el gran punto de inflexión de su carrera aún estaba por llegar.

 

 

“Tanto en el plano formal como en el conceptual, “Autobahn” cambió las reglas del juego para siempre”

 

kraftwerk-autobahn_040613_1370363752_51_.jpg“Autobahn” (1974)
 

Cuando en 1974 vio la luz “Autobahn”, la música electrónica aún tenía un papel testimonial en el pop-rock. Herbie Hancock se llevaba sintetizadores de gira y bandas como Pink Floyd les daban un uso prominente en sus grabaciones pero la creación puramente electrónica estaba reservada al academicismo, a la experimentación concrète de Pierre Schaeffer y sus seguidores en el IRM de París, o a las aventuras elektronische de Karlheinz Stockhausen. Con “Autobähn”, Hütter y compañía encauzaron definitivamente la experimentación hacia estructuras y melodías abiertamente pop, logrando dotar la música hecha con sintetizadores de una dimensión emocional desconocida hasta la fecha. La reacción entre el público no se hizo esperar: el corte titular, una evocación sintetizada de la experiencia de recorrer las autopistas alemanas, se convirtió en el primer gran éxito comercial de la banda y puede considerarse el punto fundacional de la idea de pop electrónico. Tanto en el plano formal –los ritmos repetitivos, las melodías simples e hipnóticas y las vocales tratadas con vocoder– como en el conceptual –la mitificación de los avances de la era tecnológica–, “Autobahn” cambió las reglas del juego para siempre.

 

 

“Sus primeras

giras dejaron

totalmente

fuera de

juego a la

vieja guardia

del rock”

 

 

El éxito del disco llevó al grupo a girar de manera regular por primera vez en su carrera. Fue entonces cuando su impacto en el panorama musical empezó a trascender las razones meramente musicales. Mientras el imaginario pop seguía ligado a los tipos melenudos, los guitarristas histriónicos y los baterías sudorosos, aparecieron cuatro sofisticados alemanes con trajes de banquero, portes impávidos y cortes de pelo impolutos para poner patas arriba la concepción de lo que debía ser una banda de pop. No en vano, sus primeras giras dejaron totalmente fuera de juego a la vieja guardia del rock. Alineados horizontalmente, estáticos, manipulando instrumentos electrónicos y cantando a través de vocoders, se presentaban a sí mismos más como un engranaje de la unión entre humanos y tecnología que como estrellas musicales al uso. Fueron, efectivamente, los primerosrobots de la música pop; los primeros en poner la tecnología en el centro de la creación musical, los primeros en elevar los conceptos por encima de las personas y los primeros en potenciar la evocación de universos artificiales más allá de las emociones mundanas.

 

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Al principio las reacciones fueron encontradas, con gran parte de la crítica tildándolos de vacuos, fríos e insensibles. Hubo incluso quién les atribuyó connotaciones fascistas. Estas reacciones son comprensibles si intentamos imaginar el efecto alienante que producía su imagen en 1974, pero la fascinación que suscitó su misterioso futurismo entre el público fue imparable. De repente, la música electrónica tenía sus primeras estrellas. Había empezado una nueva era.

Una vez asentados en el imaginario popular, Kraftwerk entraron en el periodo creativo más fructífero de su carrera. Entre 1975 y 1981 firmaron cuatro obras que, sumadas a “Autobähn”, resultan capitales para entender la evolución del pop y la música de baile en las siguientes dos décadas. La cantidad de innovaciones, tanto formales como técnicas, que incluían “Radioactivity” (1975), “Trans-Europe Express”(1977), “The Man Machine” (1978) y “Computerworld”(1981) fueron tales que el universo pop se pasó toda una década tratando de asimilarlas. La oleada de bandas de synth-pop –con Pet Shop Boys, The Human League o Depeche Mode a la cabeza– que inundó la década de los ochenta, por ejemplo, sería imposible de entender sin los himnos robóticos de “The Man Machine”. Incluso New Order samplearon “Uranium” en su imperecedero “Blue Monday”.

 

 

“El espíritu moderno, la vocación políglota y la pátina intelectual que desprendían acabó por sobrevolar todo el pop que siguió a su aparición”

 

kraftwerk-trans-europe-express_050613_1370415929_68_.jpg“Trans-Europe Express” (1977)
 

Una de las grandes claves del incomparable influjo de Kraftwerk fue su efecto transversal. Mientras en Europa engancharon a la clase media ilustrada, en Estados Unidos su huella alcanzó primordialmente a la juventud afro-americana, mucho más interesada en la evasión que en el componente intelectual de su propuesta. Primero, fueron adoptados por la escena disco, con cortes como “Trans-Europe Express” o “Showroom Dummies” sonando habitualmente en los clubes. Luego llegó la asimilación de sus ritmos maquinales, pero extrañamente funk, por parte de DJs y productores, lo que acabó dando pie a una sucesión de movimientos tectónicos en el underground de ciudades como Nueva York o Detroit que desembocaría en el nacimiento de estilos como el hip hop, el techno o el electro. Circula una foto por la red de lo más reveladora: en su concierto en el Ritz neoyorquino en 1981, más de la mitad de la audiencia era negra. Curiosamente, la crítica aparecida en el New York Times al día siguiente, firmada por Stephen Holden –probablemente blanco–, fue demoledora, tildando su música de aburrida, pretenciosa y “no apta para el directo”. Entre el público, sin embargo, estaba Kevin Donovan, un joven DJ del Bronx que se hacía llamar Afrika Bambaataa. Unos meses después de asistir a esa actuación, fusionó el ritmo de “Numbers” y la melodía de “Trans-Europe Express”para dar forma a “Planet Rock”, considerado el punto de partida del electrofunk. En Detroit ocurrió algo parecido cuando Juan Atkins sampleó “Hall Of Mirrors” para firmar “Clear” de Cybotron, también en una onda electro, aún más maquinal que la de Bambaataa. Poco después, el propio Atkins, Derrick May y Kevin Saunderson combinaron la hipnosis melódica de Krawfterk con poderosos ritmos de ascendencia funk para inventar lo que se denominó como techno.

 

kraftwerkcomputerworld1981_050613_1370415434_30_.jpg“Computer World” (1981)
 

Esta polinización no fue fruto de una fiebre momentánea, sino que siguió en la década siguiente y no necesariamente ligada a la música de baile. Sin ir más lejos, la mezcla de melodías candorosas, aires pastoral y alienación computerizada de“Computer World” se extienden por toda la IDM británica de los noventa, desde Aphex Twin y los artistas del sello Rephlex a Boards Of Canada y The Black Dog. Lejos de remitir, este efecto espejo continua produciéndose en la actualidad, con artistas tan diversos como Timbaland, Madonna, Morgan Geist o Coldplay inspirándose directamente en sus creaciones. Incluso la vanguardia electrónica sigue reverenciando sus sonoridades. Tomemos como ejemplo un corte como “Maze” de Actress –uno de los productores más celebrados de la experimentación actual–: ¿qué es sino un homenaje a “Radioactivity”? Observando lo alargado de su sombra, uno se pregunta si realmente la música de nuestros días ha logrado sobreponerse a los postulados que delimitaron o si, simplemente, sigue intentando ponerse a su altura.

 

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“Sembraron el terreno

para los incontables

artistas de hoy que,

con Daft Punk y Burial

a la cabeza, han

preferido dejar su

dimensión personal

en un segundo plano”

 

 

Acotar la influencia de Kraftwerk a la música electrónica sería menospreciar su legado. Su estética fría y sus ritmos minimalistas inspiraron a grandes emblemas del post-punk británico como Joy Division o A Certain Ratio, e incluso David Bowie era un ferviente admirador de su sofisticación – “V2 Schneider”, cara B del single “Heroes”, está dedicada a Florian Schneider–. De hecho, el espíritu moderno, la vocación políglota y la pátina intelectual que desprendían acabó por sobrevolar todo el pop que siguió a su aparición. Del mismo modo, su ascendencia en el universo pop no puede limitarse únicamente a términos sonoros. Su sobriedad estética fue la piedra de toque de la imagen de la inmensa mayoría de bandas electrónicas de los ochenta e incluso un diseñador tan icónico como Peter Saville ha reconocido la influencia del componente visual de Kraftwerk en sus diseños para Factory. Fueron los creadores de la idea de hombre-máquina y sus conceptos robóticos aplicados al pop se dejaron ver en la obra de artistas tan dispares como Devo, Giorgio Moroder o The Alan Parsons Projects. Incluso, analizando sus letras y la temática de sus canciones desde una perspectiva filosófica, pueden considerarse unos visionarios. En ellas hablaban de mundos fríos habitados por seres alienados por el aislamiento derivado de la supeditación de las relaciones humanas a la interacción con las máquinas y la tecnología. Suena familiar, ¿no?

 

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Han pasado casi cuarenta años desde la edición de “Autobähn” y la sombra de Kraftwerk sigue sobrevolando todos los rincones de la música popular. Sin ir más lejos, los debates sobre la supremacía tecnológica, el cuestionamiento de cual deber ser el papel del artista en el directo o la importancia del componente visual que han suscitado dos de los espectáculos en vivo más comentados de los últimos años –la pirámide de Daft Punk y la actual gira de The Knife– tienen su origen en el preciso momento en que, en 1981, Kraftwerk dejaron su lugar en el escenario a cuatro réplicas robóticas para que interpretaran “The Robots”. De la misma manera, si sigue fascinándonos que Boards Of Canada elaboren misteriosos puzzles promocionales o decidan estrenar su último álbum en mitad del desierto de Mojave, hay que recordar que, ya en 1977, Kraftwerk presentaron “Trans-Europe Express” en un trayecto de tren en el que el disco sonaba a través de la megafonía de los vagones. En esta manera de buscar alternativas a la promoción tradicional, el misterio siempre ha jugado un papel fundamental. Nunca han revelado la localización exacta de su mítico KlingKlang Studio, han concedido contadas entrevistas, no han posado para fotografías promocionales desde la década de los 70 y no parece haber forma alguna para que los fans puedan contactar con ellos. Todo ello, claro está, ha sembrado el terreno para los incontables artistas de hoy que, con Daft Punk y Burial, a la cabeza, han preferido dejar su dimensión personal en un segundo plano.

 

kraftwerk-moma_050613_1370416821_45_.jpgKraftwerk – Retrospective (MoMa, 2012)
 

Actualmente, Kraftwerk siguen suscitando una expectación a la altura de su mito. Buena prueba de ello es que sus recientes conciertos retrospectivos en el MoMA y la Tate Modern colapsaron sus respectivas webs de ventas de entradas. Todo el mundo quiere ver a Kraftwerk y no es de extrañar, teniendo en cuenta todo lo que han dado a la música moderna. Lo más llamativo del caso es que estamos hablando de una formación cuyo último disco realmente memorable apareció en 1981. Ejemplificando lo avanzados que fueron en su momento, su herencia parece revalorizarse cada día que pasa. Recuperando el paralelismo que mencionábamos al principio, mientras aquellos que copian a los Beatles no pueden evitar sonar absolutamente retro, aquellos que copian a Kraftwerk pueden seguir sonando modernos. Y esta es la gran clave de su historia: Chuck Berry, Elvis, The Beatles, The Rolling Stones… podemos aceptar que todos ellos fueran revolucionarios en su momento, pero en ningún caso su legado sigue siendo tan pertinente en la actualidad. Esta asombrosa vigencia es lo que los convierte en un caso único y, en consecuencia, lo que hace prácticamente imposible rebatir su condición de banda más importante del siglo XX.

 

 

Fuente: playground

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