Día de las Tiendas de Discos


El pasado 20 de abril se celebró en todo el mundo (y en España, en ciudades como BarcelonaMadridGijón…) el Día de las Tiendas de Discos, o Record Store Day en su versión anglosajona (o en versión de las tiendas que forman parte de la franquicia yanqui. Como siempre, dividiendo al personal a santo de no sé qué). Hasta aquí todo muy bien, es fantástico que las tiendas de discos, esos bonitos lugares donde aprender, compartir y dejarte los cuartos del sueldo, necesitaban, por lo menos, un empujón de ese tipo. Reivindicarse como motores culturales y defenderse de las cuchilladas que el Gobierno de España (vaya panda…) está dando con saña y sin rubor a la cultura de este país es algo francamente necesario en estos tiempos de ajustes, recortes, y  caza del pobre que estamos padeciendo.

Y sí, ya sé que en este país la cultura nunca ha sido un valor al alza (¿hace falta dar ejemplos de artistas, poetas o cineastas perseguidos y ninguneados por los siempre catetos poderes fácticos hispanos?), y aunque me duela ese hecho, es algo a lo que estoy ya tristemente acostumbrado. Andy y LucasPitbull, Justin Bieber o Kiko Riverasiempre venderán discos y llenarán conciertos por estos lares, lo que ya me jode y me escama de mala manera son los nuevos hábitos de no consumo musical de alguna gente que, en un arranque de desfachatez, se hacen llamar por las redes sociales “melómanos musicales”. Porque sí, el otro día, con el bonito Día de las tiendas de discos, vi a muchísima gente por las calles adyacentes a las tiendas participantes en el evento, dejándose ver, luciendo palmito y molando mucho, pero bolsas con discos comprados por toda la pléyade de chicos (muy) urbanos y roqueras de tercera división que por ahí pululaban, de eso vi bien poco. Ya sé que la cosa está muy apretada, que el paro juvenil tiene unas cifras indignas de un país europeo… ¿pero realmente no se venden discos porque el público objetivo no tiene un chavo para gastar? Permitidme que lo dude. Yo nunca he ido sobrado de pasta, y oigan, bien que me sigo comprando discos a la mínima que puedo. Que bajarse música como descosidos para en cualquier conversación de bar poder contar eso de “me gustaba más su primer disco” está muy bien, que ya sé que hoy en día es más lo que proyectas que lo que eres, pero joder, así vamos muy mal.

Es algo, por poner un ejemplo que he visto crecer últimamente, que está pasando mucho en la escena heavy metal. Cada vez verás a más y más chavalería con camisetas de grupos, parafernalia jevitrónica (pulseras de pinchos, cuero, parches por doquier…), pero tiendas de discos que se dediquen a vender música de ese estilo, cada vez hay menos. ¿Y cómo puede ser eso, con la de jevi kids que corren por BCN? Pues porque es mucho más guachi –tócate los pies- que la gente sepa que te mola tal o cual grupo – que para eso te gastaste 20 euros en una camiseta- que tener todas sus obras compradas y pagadas como Dios manda. Ser fan de un grupo empieza por comprar sus discos, no por lucir sumerchandising.  Y aunque en España, con la criminal subida del IVA cultural, cada vez sea más caro comprarse un disco (y la música en digital sigue pareciéndome excesivamente cara), me jode y me joderá ver la hipocresía de mucha gente, supuestamente muy interesada en la música y sus diferentes escenas.

“Sin música no podría vivir”, “a mí la música me ha salvado la vida”, “no me pierdo ni una referencia de ese sello que me hablas”. Sí, claro. Chavales, o compramos más discos (que no compráis ni uno, sinvergüenzas), o se nos va a acabar el disfrutar de nuestros artistas favoritos. Quizá tendrán que hacerse taxistas, mensajeros o camareros. Porque esto de la música, con la situación que estamos viviendo y con la manía del todo gratis (nens, en esta vida todo tiene un precio, yo incluido), tiene un futuro tirando más bien a oscuro. Coño, esto última último lo podría haber escrito el mismísimo Teddy Bautista. Pero no se me confundan.

Opinión por: Andres R.

Fuente: Beat Burguer

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