981 Heritage Festival (Madrid 2.012)


La primera edición de 981Heritage, el festival gallego trasplantado en Madrid, fue un éxito artístico gracias a las actuaciones alucinadas y punzantes de artistas punteros de la electrónica actual como Hype Williams, Actress, Kode9 y Mouse On Mars. Fuimos y te lo contamos.

Ocho horas en el festival 981Heritage de Madrid | PlayGround | Articulos Musica
 Este sábado 6 de octubre se celebró la primera edición madrileña del festival 981Heritage, tras siete años seguidos en La Coruña (donde regresa el 15 de diciembre, previo paso por Londres del 21 al 25 de noviembre). El evento, patrocinado por SON Estrella Galicia y Ron Barceló, pasa a llamarse 981Heritage y se convierte en la que deberá ser, de aquí en adelante, una de las citas de música electrónica y experimental más importantes de la capital. Aunque su propia esencia limite su alcance a un público minoritario (apenas salieron mil abonos a la venta), queda demostrado que su impacto será mucho mayor, como radar de las nuevas tendencias sonoras y escaparate de algunos de los artistas actuales más talentosos.
Y si es bueno que por fin empiece a haber en Madrid un hueco para este tipo de iniciativas, también lo es que haya un espacio idóneo donde celebrarlas. La Nave de Música de Matadero, que nació a partir de la Red Bull Music Academy de 2011, se desvela como un recinto cómodo (tiene techo, pero entra la luz del sol), fiable (el sonido es bastante aceptable) y, encima, pintón (hay zonas verdes y está rodeado por nueve estudios de grabación en forma de búnkeres, todo muy moderno).
erika-spring_081012_1349687033_29_.jpgErika Spring

Aunque la primera actuación fue la del gallego Judah, no pudimos llegar hasta las 13h., justo cuando empezabaJeremy Greenspan. La mitad de Junior Boys comenzó sin piedad, arrojando ritmos cortantes y agresivos contra las cabezas aún somnolientas de los (todavía escasos) presentes. Lejos de las texturas bailables de la banda con la que se dio a conocer, el canadiense optó por una sesión dura y fría, muy en la línea de su reciente pista en solitario,“Guu”. Sólo al final eligió algún vinilo más accesible, mientras el espacio se iba llenando. En oposición a la confrontación sonora de Greenspan, Erika Spring ofreció un concierto hermoso, que recordó en muchos pasajes al pop ensoñador de Beach House. Hermosa y lánguida, la neoyorquina (teclados y voz) estuvo acompañada por un guitarrista y otro músico, que iba generando atmósferas de melancolía y belleza con un sintetizador y unas baquetas. Le quedó muy conseguida su versión de Eurythmics (“When Tomorrow Comes”), y aunque se echó de menos la faceta más animada de su EP homónimo, nos fuimos del show con una sensación muy agradable en el cuerpo.

noaipre_081012_1349687062_41_.jpgNoaipre

Mucho menos placentera que la actuación de la Au Revoir Simone fue la de Noaipre. En realidad, la culpa no fue del todo suya, sino de la sala secundaria donde se celebraron algunos de los conciertos. Todo lo que tiene de bueno el espacio grande de la Nave de la Música del Matadero lo tiene de claustrofóbico, oscuro y calenturiento el más pequeño. Ya no era sólo el olor a naftalina y sexo recauchutado, sino la sensación de que allí podíamos salir todos ardiendo si saltaba alguna chispa al suelo, cubierto por lo que parecía ser una extraña moqueta. Así las cosas, el gallego luchó por salvar los platos a base de techno, grime y ritmos para una noche de Halloween. Por ese mismo escenario pasarían más tarde Solar Bears y OooOO. A los primeros, apenas les vimos, tratando de alejarnos del infernal ambiente del lugar (según avanzaba el día, aquella burbuja sin oxígeno se fue convirtiendo en el refugio de las facciones más destroy del público), y porque coincidía con parte de la sesión de Kode9. El segundo, sin embargo, se creció en aquel ambiente malsano, proyectando imágenes hirientes y turbadoras en blanco y negro, escupiendo una música con sabor a chatarra de ciencia-ficción y ecos de hip hop chungo. El componente físico y enfermizamente sexual de su música alcanzó momentos extremadamente conseguidos. Uno no sabía si salir de allí vomitando pus o restregarse con los cuerpos sudorosos que atestaban la sala.

actress_081012_1349688863_44_.jpgActress

Volvamos a coger aire y retrocedamos a la hora de comer, en compañía de Kode9. El escocés demostró por qué se habla de él como uno de los tipos más influyentes en la escena underground de los últimos años, y no sólo en Gran Bretaña. En sus sesiones se escucha música diferente, mezclas imposibles nunca antes pensadas (electrónica oscura y ritmos jamaicanos, mucho dubstep, sí, pero también drum’n’bass y tralla a piñón). Concentrado, con unas gafas de sol y unos cascos gigantes embuchados en la cabeza, el productor consiguió que un grupo de tíos gigantes que dominaban las primeras filas bailaran poseídos hasta lamerse las rodillas. Si es difícil precisar si la actuación de Kode9 generó más placer o más dolor, algo parecido sucedió conActress, uno de los artistas más esperados de la jornada. Desde que saliera en abril de este año, había muchas ganas de escuchar en directo “R.I.P.”, su tercer LP. Tras marcarse unos ejercicios de yoga como preparación, el artista no defraudó, alternando subidones de techno con ritmos horrorosos y cánticos de muerte. Él, su ropa, el ambiente… durante una hora, todo se volvió muy negro, exceptuando unos exultantes rayos de sol que se colaban en la sala y que daban un gustito muy agradable.

mouse-on-mars_081012_1349687733_27_.jpgJan St. Werner de Mouse On Mars

Pese a su talento, lo cierto es que después de Actress nos quedamos un tanto fríos, serios, meditabundos. Menos mal que aparecieron los veteranos Mouse On Mars. Por fin la gente se quitó los absurdos prejuicios de que por el día parece ridículo bailar y el clima de buen rollo aumentó considerablemente. La pareja alemana se mostró con muchas ganas y se detuvo con generosidad en el reciente“Parastrophics”, su primer disco en seis años. Su mezcla de electrónica dislocada, funk y ritmos pop fue el acompañante ideal para la hora del atardecer. El poder de los altavoces rebotaba contra los valientes de las primeras posiciones (incluidos Najwa Nimri y una curiosa troupe, que parecía que se había escapado del anti-Sónar), mientras el dúo sacaba sonidos del iPhone o de un micro, que luego iban repitiendo en bucle.

hype-williams_081012_1349690924_78_.jpgHype Williams

Mientras la gente cada vez se mostraba más exaltada y locuaz (al final de las actuaciones había una fiesta privada reservada para los poseedores de la codiciada pulsera VIP), a las 20 horas aparecieron en el escenario una chica extraña con cuerpo de niño y un negro que había estado paseándose toda la tarde por el recinto con cara de loco. Eran Hype Williams, el que debía ser el gran final del festival. Mientras el londinense Dean Blunt se sentaba en una mesa llena de cacharros y cables y la rusa Inga Copeland se quedaba de pie en un lateral del escenario, empezó a brotar un humo denso y abrasivo. Parecía que hubieran tirado el gas lacrimógeno de las manifestaciones. Y así, con los ojos llorosos y el escenario cubierto por una espesa niebla, comenzaron a oírse unos ruidos violentos e incómodos. A medida que el humo se iba disipando, pudimos distinguir a Blunt fumándose un cigarro, recostado en una silla, con las piernas en tensión, como si estuviera preparando sushi. Mientras combinaba la desbordante mezcla sonora de “Black Is Beautiful” (2012), iba grabando voces con un micro que habían colocado a su altura. Copeland, por su parte, se retorcía, daba saltos y sacaba sonidos rotos de diversos artilugios. Hip hop, funk intergaláctico, pop extraño, psicodelia… Una mezcla de Massive Attack y una célula de terroristas sonoros que se despidió a las 21h., dejándonos excitados y saciados, por lo menos, hasta la próxima edición del 981.

Fuente: PlayGround

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