Sónar Barcelona 2012 en streaming


Sónar Barcelona 2012 se podrá seguir a través de streaming, afortunadamente para aquellos que no puedan desprenderse del semejante dineral que cuestan las entradas y no puedan acercarse a Barcelona este fin de semana, los conciertos más importantes del Sónar 2012 se podrán seguir cómodamente desde el sillón de casa.

A continuación, los horarios de los conciertos del Sónar 2012 que se podrán ver en streaming:

Sónar 2012 – Streaming

Horarios streaming Sónar 2012:

Viernes 15 – Sonar 2012 streaming

  • 09:00 PM – Austra – En Diferido
  • 10:00 PM – Mouse on Mars – En Diferido
  • 10:50 PM – When Saints go Machine – En Diferido
  • 11:50 PM – Daedelus Archimedes – En Diferido
  • 12:40 AM – Peaking Lights – En Diferido
  • 01:30 AM – Friendly Fires – En Directo
  • 02:00 AM – Richie Hawtin – En Directo
  • 03:30 AM – Trust – En Diferido
  • 04:00 AM – Fatboy Slim – En Directo

Sábado 16 – Sonar 2012 streaming

  • 09:00 PM – Plapla Pinky – En Diferido
  • 09:45 PM – Cornelius presents Salyu x Salyu – En Diferido
  • 10:45 PM – Diamond Version + Atsuhiro Ito – En Diferido
  • 11:00 PM – New Order – En Directo
  • 12:00 AM – The Roots – En Directo
  • 12:30 AM – John Talabot – En Diferido
  • 01:30 AM – Hot Chip – En Directo
  • 02:30 AM – Azari & III – En Directo
  • 03:30 AM – Modeselektor – En Directo

    Crónica del jueves

    En rueda de prensa dijeron los organizadores de Sónar que la previsión de público para este año estaría en los 80.000 espectadores, y por ahora los números parecen encajar: la primera jornada se saldó con un ‘todo vendido’ –pleno absoluto en el CCCB, que no siempre se había llenado en jueves en otras ediciones de Sónar–, al que hay que sumar los tíckets agotados para las jornadas diurnas de viernes y sábado, a la espera de ver cómo reacciona el público en las dos noches que nos quedan por delante.En lo musical, el balance es altamente positivo: New Order saldaron su deuda histórica con Sónar en el concierto inaugural de esta noche y en los escenarios del CCCB –Hall, Complex, Dome y Village– asistimos a DJs revoltosos, directos divertidos y un festín de bajos gordos y melodías irregulares. De DJ Spinn & DJ Rashad a Flying Lotus, de Mostly Robot a Trust, de Totally Enormous Extinct Dinosaurs a Thundercat, así vivimos un primer día de Sónar 2012 que ya vuela hacia su conclusión épica como un avión.

    d.Forma (SónarHall)

    Es realmente encomiable ser bienvenido a esta edición de Sónar con un puñetazo en la cara de estas características. En un SónarHall por el que se colaban los rayos de luz del día, formando un ambiente surreal, el barcelonés Mario G. Ferrer nos dio una lección de ruido con ayuda de su MacBook y una Roland MC-909. Sonó mucho más abrasivo en directo que a lo que nos tiene acostumbrado en disco: escuchen como muestra su evocador “Amplia Grey” (Lovethechaos, 2011), pues a las grabaciones de campo y la música incidental que le caracterizan, Ferrer añadió capas de ruido ensordecedor, eso sí, sin entrometer el core a veces delicado de su música. ¿Alguien ha sobrevivido a un incendio? Pues el sonido de las llamas devorando su alrededor sería algo parecido.Dani Relats

    El_Txef_A (SónarVillage)

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    No es ninguna novedad que hacerse cargo de un escenario Sónar el primer día a la una de la tarde no es tarea fácil. Primero, porque nunca sabes cuánto y qué tipo de público te vas a encontrar. Segundo, porque hay propuestas musicales que a esas horas sencillamente no entran. No es el caso de la música de El_Txef_A. Su deep house y, sobre todo, los temas más orientados al pop que ha facturado en su álbum de debut, tenían potencial para sentar como un guante bajo el sol del SónarVillage. Y eso es lo que ha ocurrido cuando han sonado temas como“Breath” o “Broken Bridges”, que han conseguido levantar del césped artificial a los más ávidos de baile. Ante el desconocimiento del entorno, Aitor Etxebarría ha sido pragmático; ha dedicado la primera media hora a sonidos más cercanos al dub para ir añadiendo paulatinamente más elementos rítmicos, más graves y acabar con material inédito y bailable. Discreto pero efectivo, a pesar de que las condiciones sonoras del stage no le han ayudado demasiado. Mónica Franco

    Eltron John (SónarDôme)

    Eltron John se suma a la ya larga lista de músicos y DJs ambiguos que nos ha dado la música experimental. En el escenario, el polaco iba con una melena a lo colegiala simpática, un vestido negro feísimo que dejaba mostrar canalillo –lo suficiente para comprobar que no tiene tetas, sino un poco de pelo sobre un pecho de polluelo–, pero la ambigüedad ya estaba sembrada. ¿Travestido o actor? Luego le vimos fuera del escenario, vestido normal, y parecía Nathan Fake, aunque mientras pinchaba su house crujiente y gordo no podíamos dejar de pensar en una versión eslava y con sentido del humor cafre del tremendo DJ Sprinkles, el alias dance de Terre Thaemlitz. El caso es que tuvo a la gente moviéndose como si fuera una perfecta fiesta universitaria. Daba grimilla por el aspecto, pero su música tenía rollo. Mario G. Sinde

    Jeremiah Jae (SónarVillage)

    Jeremiah Jae, el más reciente de los pupilos que Flying Lotus se ha traído para su showcase deBrainfeeder, ha pecado de eso: de novato. O quizás las expectativas depositadas en su actuación eran muy altas. Además de que hacen falta tablas y presencia escénica para llenar la inmensidad del escenario SónarVillage. A Jae sólo le acompañaban su laptop y un micro, un planteamiento que puede funcionar a la perfección en salas pequeñas, en la intimidad del club, pero que se ha quedado algo pobre para la ocasión. Le precedía la fama de facturar beats alucinógenos acompañados de ese flow arrastrado y taciturno. Sin embargo él ha comenzado con producciones mucho más ortodoxas, más old school, atropellándose en la rima. No ha sido hasta mitad de actuación que ha soltado definitivamente el micro, se ha sentido más cómodo y ha empezado a despachar ritmos abstractos, mucho más oscuros e inquietantes (incluso se han escuchado algunos breaks de inspiración rave). Demasiado espontáneo o, lo que es lo mismo, muy poco preparado para la ocasión. MF

    Lapalux (SónarVillage)

    Con la responsabilidad de prender la mecha del showcase de Brainfeeder, Lapalux se encontró con un SónarVillage aún a medio llenar (se notaba que era jueves y que, extranjeros a parte, el público local tenía que cumplir con sus obligaciones laborales). Armado con un laptop y un controlador midi (y con FlyLo apareciendo esporádicamente para pasarle algo de fumar), el británico ofreció una descarga de beats nebulosos y psicodelia glitchy muy en la línea de su último EP para el sello californiano. Una receta a base de texturas granulosas y evoluciones deslavazadas que acabó tornándose un tanto espesa, quizá por el abuso del delay a la hora de retorcer los tracks. Y es que, paradójicamente, los momentos más sugerentes llegaron con salidas por la tangente como acapellas de Danny Brown o fragmentos del “I’ll Be Missing You” de Puff Daddy. Aún así, el conjunto acabó resultado demasiado homogéneo y en ningún momento acabó de despegar. Franc Sayol

    Daedelus Archimedes Show (SónarHall)

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    Si no lo he entendido mal, resulta que un ex presidente de Cataluña y una acumulación exagerada de público tuvieron la culpa de que conseguir entrar en el show Archimedes deDaedelus se convirtiera en toda una proeza. Había gente quejándose, otros que se inquietaban, pero al final los que tuvimos paciencia conseguimos traspasar la barrera y poder ver, por fin, al gran dandy de la electrónica en su nuevo ‘cuerpo’. Archimedes es un espectáculo audiovisual impresionante, y como el proyecto ISAM de Amon Tobin, que se podrá ver esta noche, es una experiencia para bucear en ella. Daedelus reproduce la energía de la música de baile relacionada con todo lo hardcore y rave –que es algo que apela al gusto de mucha gente– y lo acompaña de una representación visual en la forma de una máquina de espejos, no demasiado lejos de los efectos especiales de Hollywood en más de una ocasión. Incluso se me vienen asociaciones con el steampunk, sobre todo al ver a Daedelus en su traje elegante de época distorsionado en diferentes formas, al ser reflejado por su máquina de espejos –y que daba la sensación de que la música despertaba a la vida–. La invención de EMN y Daedelus ha permitido integrar un elemento visual más allá del truco fácil, porque es algo que está muy fuertemente vinculado con la música y su trabajo anterior, y eso me hace tener fe en que habrá todavía mucho espacio para que siga desarrollando su trabajo en el futuro. Archimedes es el próximo paso lógico en su evolución, tal como lo demuestra el directo. Se lo ha trabajado duramente, y ha conseguido de paso atraer al público con una propuesta más atractiva que la que siguen otros músicos parecidos a él. A mi alrededor tenía punks (sin perro), jóvenes ravers y ravers veteranos, e incluso un tipo que bailaba con muletas, y todo iba bien hasta que a los 30 minutos de empezar un corte de energía se llevó por delante a Archimedes. Se reajustó el volumen a las proporciones de la audiencia y los monitores, y cuando todo volvió a comenzar se escucharon aplausos. Prueba de que Daedelus ya había conquistado antes a todo el mundo. Laurent Fintoni

    Kutmah (SónarVillage)

    El papel que le ha tocado interpretar a Kutmah esta tarde en el showcase de Brainfeeder es un arma de doble filo: puede hacer que se te ignore por completo o puede que te convierta en uno de los héroes de la tarde. Kutmah ha sido lo que todos conocemos como DJ de continuidad. Ha salido al escenario varias veces, entre las actuación de sus compañeros, con escasos 15 ó 30 minutos por delante para mantener los ánimos bien arriba con su selección. Y el tipo lo ha clavado. No sólo ha demostrado que es un selector exquisitamente heterogéneo (por sus platos han pasado cumbia arcaica, disco y funk cachondos, hip hop de ayer y de hoy, reggae…) sino que además es de técnica talentosa, con mezclas ágiles que le han permitido encajar en el escaso tiempo con el que contaba toda la música que le ha venido en gana. Y le ha sobrado tiempo para hacer las veces de speaker e ir presentando las actuaciones de sus colegas de sello. Si con aquello de “Free Kutmah” le cogimos cariño, después de lo de esta tarde lo que sentimos es devoción. MF

    Yosi Horikawa (SónarDôme)

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    El ambiente ya era 100 % Sónar cuando salió el japonés: público desmadrado y eclecticismo estético, como si fuera la cantina de Star Wars. Buena acogida para  su música: beats robustos, con cierta tendencia a crujir  y melodías que recuerdan a la IDM de toda la vida –Plaid, quizás– pero con un toque orientalizante y, en general, un gusto por los registros agudos. Su propuesta podría encajar sin problemas entre cualquiera de las de Brainfeeder que ocupaban el escenario vecino. A medida que avanzaba su directo, los ritmos, que comenzaron con una cadencia  hip hop, se iban acelerando y volviendo más tribales. Al final, con la profusión de tambores que sonaban, nos acordamos de la banda sonora de“Akira”. Hay que seguir los pasos de este tipo. DR

    Masaki Batoh – Brain Pulse Music (SónarComplex)

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    La imagen de Diana, una chica con rastas erigida en voluntaria del experimento más curioso y desconcertante de la primera jornada diurna de Sónar, con la cabeza cableada y parapetada tras casco estilo soldador, imponía respeto y algo de miedo. Junto a ella, el agitador japonés Masaki Batoh, conocido sobre todo por su militancia en Ghost, jugueteaba con cacharros, instrumentos y sonidos raros –cantos budistas, ocarinas, ruidos indescifrables– con el objetivo de encontrarle un sentido zen a su proyecto deBrain Pulse Music”, que extrae un sentido rítmico y musical de las ondas que emite el cerebro. En 2012 el zen es relativizar y desdramatizar la derrota de tu equipo en las semifinales de la Champions League, pero Batoh se empeñó en ir un poco más allá en esa búsqueda, y eso le honra. Habrá quien diga que todo esto no dejan de ser milongas, un nuevo episodio en la escalada de ladrones de guante blanco que se esconden en el poblado reino de la música experimental, pero esta búsqueda del creador nipón me pareció sincera y convencida de sí misma, un curioso y por momentos atractivo ejercicio de noise neuronal con excusa conceptual y aprovechables resultados artísticos. David Broc

    Thundercat (SónarVillage)

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    Después de salir del espacio cavernoso del SónarHall para ir a ver a Thundercat en el escenario vecino del SónarVillage, el regreso a la luz solar y el calor se presagiaban como el entorno ideal para que apareciera el virtuoso bajista y nos ofreciera un directo refrescante y orgánico con el que romper la dinámica del festival, que consiste en escuchar durante un día, y sin descanso, todo tipo de música electrónica. La banda que le rodeaba era sólida y ofreció una mezcla de los temas más reconocibles de su álbum con lo que parecían jams profundas, más extensas –y que sumían al público en una especie de trance hasta que les despertaba un crescendo explosivo–. El crecimiento de Brainfeeder en magisterio instrumental se perfila como un contrapunto interesante con el sonido principalmente digital que ha sido la estética del sello hasta ahora. Tal como dice un amigo mío, ‘es como jazz para la chavalada’. Generalizando un poco, es también darle a una nueva generación la oportunidad de entender de dónde viene esta música que tanto les gusta. Por otro lado, Thundercat es un bajista extraordinario, y siempre mola ver a un bajista mandando en un grupo, además de que es el músico perfecto para el cruce que se ha producido en Los Ángeles en los últimos años entre la cultura del sound system y los beats abstractos, y de la que Brainfeeder es la casa madre. El bajo lo inundó todo. LF

    Flying Lotus (SónarVillage)

    Sabiéndose el nombre más esperado de la tarde, Flying Lotussubió al escenario derrochando carisma fumeta, sonrisa permanente incluida. Su actuación, sin embargo, acabó dejando un sabor agridulce; mientras los fans más acérrimos se lo miraban con suspicacia el grueso del público vivió uno de los primeros momentos de desparrame general del festival. Y es que el capo de Brainfeeder parecía saber muy bien en que plaza estaba jugando (el SonarVillage siempre ha tendido al verbeneo, para que negarlo) y apostó a lo seguro. Lejos de tratarse de un directo en el sentido estricto de la palabra, el californiano intercaló cortes propios como “Zodiac Shit” con hits de todo pelaje; del “I Want You Back” de Jackson 5 al “Yonkers” de Tyler, The Creator pasando por el eterno “Idiotheque”. De la misma manera, a pesar de que en algunos momentos sí asomó su característico sonido cósmico de ritmos poliédricos la tónica general la marcaban los beats rotundos y los bajos atronadores de tendencias wobble. Tras un parón en el sonido (problema recurrente de la tarde; a Daedelus le pasó tres veces), aparecieron sobre el escenario Thundercat (disfrazado de Guerrero del Espacio de Dragon Ball) y Dorian Concept para acompañar a FlyLo al bajo y los teclados respectivamente. A pesar de que lo interesante de la propuesta, basada en las improvisaciones sobre la marcha, sus aportaciones apenas se pudieron intuir a causa de un sonido excesivamente enfangado. A pesar de todo, sería injusto negar que, en gran parte gracias a la empatía del beatmaker con el público (incluso preguntado que querían que pinchase), el set acabó resultando un derroche de diversión. Y a los fans que nos quedamos con ganas de una experiencia FlyLo al completo, siempre nos quedará su actuación de hoy en el SonarDôme. FS

    Mostly Robot (SónarHall)

    Reúne a cinco músicos como la copa de un pino en una masía del Garraf durante cuatro días y suminístrales hard y soft de Native Instruments: tienes a Mostly Robot, para desintegrar todos los prejuicios sobre la música electrónica en directo. Tocaron a pelo, sin MIDI, y su música sonó espontánea, fresca y definitivamente funky. Su live set estaba concebido como las mixtapes promocionales de los grupos de rap: la cuña “Mostly Robot” sonando en cada canción, y versiones de otros artistas –“Rockit” de Herbie Hancock, “It Was All A Dream” de Notorious B.I.G. – intercaladas con material propio nuevo y no tan nuevo: Jamie Lidell resucitó su “Little Bit More”, que con un tratamiento más actual –y los vocoders de Tim Exile– sonó a gloria. A ratos, el quinteto sonaba a unos Super_Collider sueltísimos y puestos al día. Otras veces, se aventuraban en trepidantes improvisaciones de footwork –o drill’n’footwork, podríamos decir–. Dignos de mención fueron el virtuosismo scratcheador de Shiftee y las bases rítmicas tocadas a dedo de Jeremy Ellis. Si, además, añadimos la buena forma de Lidell como vocalista, pulverizando a R. Kelly en los momentos más soul, tenemos un set impecable. ¿La clave? Señores productores actuales, repitan conmigo: mu-si-ca-li-dad. DR

    Om Unit (SónarDôme)

    A medida que iba entrando y saliendo a lo largo del día del escenario programado por Red Bull Music Academy, la impresión que tenía era que el sonido tendía a irse hacia el house, un house de muchas formas, así que cuando apareció Om Unit, el penúltimo artista antes de la conclusión con Spinn & Rashad (ambos de Chicago), fue como si se hubiera producido un cambio de guardia. Om Unit introdujo con calma al público en su mundo particular con un tema celestial de Teebs, y poco a poco fue reptando hasta alcanzar una velocidad de 160 bpms, ese patrón rítmico que tanto se estila últimamente y que ocupó los 90 minutos de su sesión. La manera en que se trabajó al público fue una demostración de que el sound system puede y debe ser una extensión física de la intención estética del artista. Daedelus utiliza los espejos de Archimedes para darle una dimensión visual, y los DJs y productores como Om Unit manipulan las frecuencias de una manera muy similar a través de la selección de temas: no es sólo una experiencia acústica, es una experiencia corporal completa. Las mujeres responden a las frecuencias del bajo de una manera muy distinta a las del house, y la carpa se llenó de gente que quizá resplandecía menos que antes, pero que respondía igual de bien. La experiencia de Om Unit brilló a través de la selección y la mezcla –su camiseta de Ras G era toda una declaración de intenciones–. El remix de Salva de“Mercy” (RL Grime) demostró que, cuando se produjo el revival de las 808 nos olvidamos por completo del happy hardcore, y “Set It”, de Dream Continuum, puso la guinda a la sesión. Con una gran sonrisa, Om Unit siguió desgranando su trabajo, el suyo y el de la gente con la que ha colaborado, y el público respondió, incrementando el ruido y la energía a cada nueva vuelta de tuerca, cada vez más honesta, hasta concluir con las vibraciones tribales de Marka. LF

    Trust (SónarComplex)

    Profanando un lugar sagrado como el Convent dels Àngels, Trustdespertaron nuestros más bajos instintos. Cuando Robert Alfons subió a escena (ni rastro de Maya Pstepski, pese a que hoy viernes formará filas en Austra), acompañado de un batería y una teclista, se mascó la tragedia. Estaba completamente ido, con la mirada en blanco como si de un zombi se tratara. Las especulaciones acerca de si estaba gozando de un viaje psicotrópico fueron el chismorreo durante los primeros minutos, aunque gracias al Diablo el susto fue en vano: sus bailes de San Vito y la pose al borde del desfallecimiento formaban parte del guión, ya que, si no, no se entendería que clavara a la perfección los falsetes de “Shoom” o se antepusiera a los ritmos guturales de“Bulbform” con esa naturalidad. Las canciones de su enfermizo debut sonaron poderosas, emocionantes (como por ejemplo la maravillosa “Candy Walls”) y con un plus de morbo malsano al ser interpretadas en una iglesia. Tras verles en acción, ahora con más razón que nunca, hay que reivindicar su disco como una de las cosas más jodidamente grandiosas que han llegado este año a nuestras vidas. Amor intravenoso incondicional. Sergio del Amo

    When Saints Go Machine (SónarHall)

    Uno de los grandes alicientes de este concierto –su primero en España– era comprobar de primera mano si el falsete de Nikolaj Manuel Vonsild estaba a la altura de lo exhibido en sus dos discos. Dudas disipadas en diez segundos. Ver entonar a este prodigio danés es un espectáculo y si no te sube la libido al escucharle es que no te corre sangre por las venas. Si él se dejó la garganta, sus compañeros también lo dieron todo, empezando por un batería que imprimía a estas sensuales canciones de un ritmo salvaje, casi brutal (“Jets”). La de When Saints Go Machinees una propuesta musical muy parecida a Wild Beasts, aunque sin guitarra y bajo. Desplegaron, así, un repertorio sintético con“Church And Law” y “Kelly” como indiscutibles puntos álgidos. Si a Andy Butler no le coge más el teléfono Antony, ya sabe a quién llamar para el tercer disco de Hercules & Love Affair. Esta gente debería empezar a petarlo. Ya mismo. Álvaro García Montoliu

    Totally Enormous Extinct Dinosaurs (SónarVillage)

    No es que sea un valor al alza, sino que ya puede presumir de ser toda una estrella del entertainment electrónico. Ataviado con su característico traje de indio comanche, Orlando Higginbottom convenció desde el primer momento a la enfervorecida masa que le esperaba con los brazos en alto. Tanto luciendo su escuálida figura entre ese armatoste de equipo que lleva como cogiendo el micro cuando la ocasión lo requería, el de Oxford demostró sus tablas y no dejó ningún resquicio para que respiráramos. Teniendo en cuenta que su debut es una auténtica bomba de relojería en la que se toman de la mano desde el 2step hasta el pop de corte más mamarracho, hubo de todo y para todos. En“Garden” cedió la parte vocal a la fémina que originalmente canta el tema, pero el momento más glorioso fue ese cuerpo de baile que a partir de “Stronger” de vez en cuando se subía al escenario para demostrar que las bellezas rubenescas pueden marcarse booty shakes de infarto. Si por nosotros fuera, a partir de ahora le contrataríamos en todas las ediciones venideras, ya que su show es sinónimo de éxito. Simple y llanamente, chapeauSdA

    DJ Spinn & DJ Rashad (SónarDôme)

    Para cerrar el escenario RBMA, DJ Spinn & DJ Rashad nos transportaron durante una hora al gueto de Chicago, directamente hasta el centro de Barcelona, y nos lo pasamos bomba. A partir de la primera pieza, que nos instaba a “tomar nota”, me empecé a fijar en el entorno que me rodeaba –y sobre todo en las cuencas oculares del tipo detrás de mí, que parecía fuera de sí–, y sólo veía sonrisas, la comprobación de que las nuevas vibraciones y velocidades del juke se estaban disfrutando a fondo. Bienvenidos a Chi: fue alucinante ver cómo la gente respondía a la música que escupía el sound system con extraños movimientos corporales. Había quien abrazaba la velocidad y la energía y se integraba en la música; otros ponían la mirada extraviada, incapaces de seguir con sus pies el ritmo. Todos se lo pasaban bien. Y a medida que transcurría su hora, Spinn & Rashad empezaron a excavar himnos reconocibles alternados con nuevas producciones, increíblemente duras en su patrón 4×4, con las cajas sincopadas y los samples de voz cargados de humareda. Y aún así, nadie se perdía ni un compás: había ecos de hardcore europeo y gabber entre el material más duro que pincharon. La pareja indujo al público a un trance, y podría decir que me parecieron chamanes modernos, aunque sería mejor llamarles por su nombre: los tecnócratas del gueto. Esa es la mejor expresión paras describir lo que hacen: son los chamanes de las zonas suburbiales en 2012, los que disparan música joven, agresiva, desplazada a través de los canales del sistema, como otros antes que ellos hicieron años atrás. LF

    Ricardo Donoso (SónarComplex)

    Es realmente molesto que en lugares como el Convent dels Àngels la gente no guarde silencio durante los conciertos. Dada la acústica del lugar, concebida para que la Palabra de Dios llegara a los feligreses sin demasiado esfuerzo, podemos decir que cualquier palabra sobra cuando suena la música. No obstante, podemos matizar que la actitud de Ricardo Donoso para con el público fue recíproca: si parte de la audiencia no estaba allí, él también estaba ausente. Se limitó a tocar presetsde su música (más de una vez la dejó sonando mientras se agachaba un momentico para alcanzar su cerveza) pero no interaccionó mucho con ella. El sonido, básicamente drones y secuencias de teclado. Como dijo un colega: para eso me voy a casa y me pongo un CD de Biosphere. DR

    New Order (SónarClub)

    Los de Manchester en su vida han protagonizado un concierto glorioso. Así que lo que pudo verse en la noche inaugural del festival no iba a pillarnos por sorpresa. Sobre las tablas tienen menos carisma que un gato de escayola y su repertorio está guionizadísimo para llevar al respetable al éxtasis borrego. Pero vaya chorreo de hits, oigan. Pocas bandas pueden presumir de tocar en algo más de una hora artillería tan pesada como la de“Crystal”“Ceremony”“586”“Bizarre Love Triangle” o la siempre inmortal “Blue Monday”. Aunque usen proyecciones que son desechos del Windows 3.0 y Bernard Sumner se empeñe en bailar peor que tu padre en las bodas (el progresivo aumento de su joroba será objeto de análisis en otro momento), la banda tuvo el detalle de obsequiarnos con dos sorpresivas invocaciones a Joy Division que no figuraban en las hojas de ruta de sus conciertos previos: la resurrección de “Isolation”, diez años después de que la jubilaran en directo, y “Transmission” (el primer bis de la noche antes de que “Love Will Tear Us Apart” despertara el tarareo hooliganesco). El sábado tendremos una nueva ocasión para verles y saber si nos sorprenderán con alguna perla escondida de las suyas. SdA

    Crónica del viernes

     
    Sónar 2012: la crónica del viernes | PlayGround | Articulos Musica
    Otra jornada a rebosar en Sónar: llenazo de día, con el house y la experimentación como sonidos bandera, y momentos para el recuerdo por la noche, con el show de Lana del Rey (dándolo todo) y los momentos de histeria clubber del final. Segundo día de éxitos en el festival.
    Sónar ya ha superado su ecuador, ha vivido un viernes interesantísimo en todos los frentes –con una mezcla entre ocio tranquilo y experimentación proactiva en el espacio diurno del CCCB, donde han brillado John Talabot, Mouse On Mars y Jacques Greene–, y ha estallado por fin con la gran fiesta del primer Sónar de Noche en Fira Gran Via de L’Hospitalet, donde Hawtin, Murphy y Fatboy Slim nos han hecho bailar, James Blake nos ha hecho temblar, Lana del Rey ha puesto a su público a llorar (de emoción) y los shows de Amon Tobin y Squarepusher casi nos arrancan las órbitas oculares de cuajo. Así fue, así os lo contamos.
    1. Sónar de Día

    Raisa K (SónarDôme)

    Pese a venir auspiciada por la institución que regenta el SonarDôme, esto es la RBMA, Raisa K no es ninguna polluela recién licenciada de la Academy. En ella recaen las responsabilidades a los teclados en Micachu & The Shapes y también en la banda que gira con DELS (vamos, que la chica tiene tablas). Y a pesar de haber cosechado cierto éxito con esta banda en el pasado, Raisa decidió pasar por ese Gran Hermano docto de la música electrónica, lo que indica que esta chica es puro ansia didáctica y curiosidad. Algo que casa perfectamente con el enfoque experimental y polifacético de su proyecto en solitario. Junto a sus dos músicos, se ha subido al escenario sembrado de instrumentos para derramar un sinfín de sonidos e influencias extrañamente bien avenidos. Math-rock, EBM, folk, world music: todos ellos han desembocado en una marcianada que ha sentado de maravilla a esas horas del mediodía y en la que incluso ha habido hueco para un momento acid con el House-O-Matic de DJ Deeon. Una propuesta interesante y disfrutable incluso para aquellos a los que la música de Micachu & The Shapes les sobrepasaba de tan variopinta. Mónica Franco

    Psilosamples (SónarVillage)

    Uno de los activos de la marca Sónar que más se ha respetado a la hora de exportarla a otros lares –Ciudad del Cabo, São Paulo, Tokio– es el descubrimiento y promoción de talentos locales. Así es como el brasileño Zé Rolê ha llegado a Barcelona con su proyecto Psilosamples. Su “Mental Surf”es la versión doméstica y electrónica de la fusión con profundas raíces brasileñas que realizaban Som Imaginário o Azymuth hace unas décadas. Doméstica pero no domesticada, puesto que con susplug-ins convierte en fosfatina los samples de música tradicional que usa, la mayor parte de su estado, Minas Gerais. Pero en un SonarVillage gocho y perezoso, con cuerpos semidesnudos tomando el sol en su césped artificial y eructando sangría y caipiriñas, el minero tiró de su lado más amable y dejó a un lado el feísmo digital de sus arreglos y, quizás por el idioma, los samples de programas televisivos, cosa que agradó al público pero quizás bajó el nivel: de música electrónica con sabores brasileños ya tenemos suficiente. No en vano, todas estas referencias tan pintorescas y ese punto abrasivo hicieron que el propio Simon Reynolds hablara de su hit “Homem do Rá” como la respuesta brasileña al hypnagogic pop. Con todo, una muestra de talento considerable. Dani Relats

    Trevor Jackson (SónarVillage)

    De un DJ con una maleta tan insondable como Trevor Jackson siempre cabe esperar que sepa amoldarse a cualquier tipo de situación pero, sin embargo, ayer no fue el caso. Y eso que la psicodelia luminosa de acento krautrock de Psilosamples le había servido en bandeja la posibilidad de una sesión planeadora que empezara a poner en movimiento un por entonces aún semi-letárgico SónarVillage; se notaban los efectos de la noche anterior y la gente parecía más ocupada en buscar un rincón de sombra que en bailar. Sin embargo, el británico optó por una selección de tintes oscuros que empezó con dub de ecos lejanos para luego adentrarse de pleno en terrenos de techno gaseoso dominado por texturas espesas y difuminadas. Más allá de la calidad de los tracks (algo que se da por descontado con un selector de olfato tan refinado como Jackson) el problema fue que la estética excesivamente borrosa no acabó de empastar con el marco. Tampoco ayudó el sonido enfangado que ha sido la tónica dominante del escenario SónarVillage (sin duda uno de los aspectos a mejorar del festival). A pesar de que escapadas a géneros como el reggae aportaron dosis de frescura, el set acabó resultando un tanto decepcionante, sobre todo si se tiene en cuenta el potencial de Jackson como selector. Franc Sayol

    Supersilent feat. John Paul Jones (SónarHall)

    La buena entrada que presentaba el Hall del CCCB, a pesar de la hora tempranera, todavía en pleno frenesí laboral, claramente indicaba que la presencia de John Paul Jones, músico inquieto de largo recorrido conocido mayoritariamente por su actividad como bajista de Led Zeppelin, suponía un gancho mediático y popular de primer orden que favorecía e incrementaba las expectativas. Ya en el escenario, su rol en el mini ensemble de improvisación, dark jazz y avantgarde propuesto por Supersilent tenía una importancia relativa, por mucho que el combo noruego dejara en sus manos y sus cuerdas buena parte del protagonismo de la velada. Supersilent y Jones transitaron por terrenos de free-jazz abrupto y desafiante y ambient oscuro en un show de digestión lenta y dificultad considerable. Pero aquellos que consiguieron abrirse paso por la angosta jungla de drones tenebrosos, líneas de bajo esquizofrénicas y estructuras indefinibles encontraron uno de los momentos más intensos de la jornada. David Broc

    Austra (SónarVillage)

    Si ayer hablábamos de la importancia de la voz en grupos como When Saints Go Machine, con Austra ocurre tres cuartos de lo mismo. Katie Stelmanis es una cantante prodigiosa, como ya demostró en su notable debut del año pasado, “Feel It Break”. Sin embargo, en las primeras dos canciones su voz quedó absorbida por unos poderosos graves. Podías imaginarte que llegaba a registros altos, pero nunca disfrutar de ellos como se merece. El público tuvo que intervenir y ella se dio por aludida, así que a partir de “Lose It” pidió que el técnico subiese su micro y ya la cosa mejoró ostensiblemente. Fue en cortes como “The Villain”donde mejor exhibió su formación operística, algo que remachó con una gesticulación muy teatral. De nuevo se demostró que el SónarVillage –o su público– es todo terreno. A priori la dark-wave de los canadienses encajaría mejor en escenarios cerrados, pero la respuesta ante la irrupción de cualquier bombo siempre fue bien agradecida por los asistentes. Imaginamos que también ayudó, a algunos, una puesta en escena que tiraba hacia lo freak circense (¡la madre que trajo a las coristas!). Álvaro García Montoliu

    Esperit! (SónarComplex)

    Una de las constantes en la carrera musical de Mau Boada es su capacidad para depender de sí mismo para sacar adelante cualquiera de sus ideas y proyectos musicales. El ejemplo más extremo y elocuente de esto es Esperit!, su última aventura, que ayer defendió con mucha entidad y convicción en el SonarComplex. Fiel a la idiosincrasia de este proyecto personal, el músico catalán sacó a escena su paleta de instrumentos y opciones expresivas, arropado por un juego de proyecciones ad hoc, y se guisó él solito un set completo a base de folk tripado, ambient psicodélico y minicanciones hipnóticas sin más pretensiones que las de dejar fluir y esparcir las inagotables ideas de su autor en una propuesta muy particular. Puesta en escena sobria y minimalista, y no sólo por el concepto de hombre orquesta generando por sí mismo todo un universo musical, para darle empaque y mucho sentido a una idea que tiene vida y vigencia más allá del dormitorio y el estudio casero. DB

    Daniel Miller (SónarVillage)

    Sónar siempre trae a los mejores DJs, ya sea por trayectoria o por ser verdaderos conocedores de la música. Daniel Miller no llegará jamás a los niveles de popularidad de Richie Hawtin –ni se lo propone– pero de música sabe un rato. Desde 1978 capitanea uno de los sellos más prestigiosos, Mute Records, y por eso mismo, con una trayectoria tan larga y variada se hacía impredecible adivinar por dónde iban a ir los tiros. De hecho, ni él mismo lo sabía, como admitió recientemente, aunque el hecho de pinchar justo después de Austra debería haberle facilitado las cosas. Empezó con un techno de cariz minimalista que progresivamente fue virando hacia lo melódico. La cosa no se salió demasiado del guión de cualquier pinchadiscos del montón: que si ahora subo el bombo, ahora lo bajo, ahora os meto un rollito tribal para volveros a todos del revés y vuelta a empezar. Una decepción para todos aquellos quienes confiaban que su sabiduría hiciese de éste un set para gourmets o, por lo menos, un repaso a lo bueno y mejor de tan legendaria discográfica. AGM

    Mouse On Mars (SónarHall)

    Había ganas de que los siempre juveniles Jan St. Werner y Andi Toma presentaran  su último trabajo, ese excelente LP llamadoParastrophics. Con un inicio dramático estilo banda de rock –crescendo épico curiosísimo con mucha niebla artificial y sonido de carreras de automóviles–, Jan y Andi salieron a full, acompañados por el mazas de su baterista Dodo Nkishi, los tres entregadísimos ordeñando y aporreando como si les fuera la vida: no cabe duda, es un directo. Pero lo que parecía el gran aliciente del bolo se tornó un gran lastre: los tres músicos tocaban a la vez, no respetaban silencios, pisoteaban el espacio que pudieran tener los temas (y en el disco lo hay). Aquello, en lugar de una exposición razonada de ideas musicales, donde se escucha y se responde, parecía un Sálvame de Luxe con los tertulianos más bocachanclas vociferando unos sobre otros. No sólo les perdió su horror vacui, sino el formato musical que emplearon en el live, adaptando su sonido a tendencias musicales más que discutibles: a ratos parecían un grupo de Ed Banger, incluso Modeselektor, la cadencia en que envolvían sus temas fue siempre la misma y el bajo definitivamente lo olvidaron por el camino: tan sólo frecuencias medias distorsionadas. Skrillex no se sentiría del todo incómodo escuchándoles. Con todo, temas como la absurda “Baku Hipster” –imagínense un moderno de Azerbaiyan: ¿tendrá bigote irónico?– sonaron tan marcianas como en el disco y el final trucha de “Seaqz” fue doblemente gratificante: por subir el tempo radicalmente y por ser el final. DR

    Jacques Greene (SónarVillage)

    Lo bueno de la amplitud del SonarVillage es que si eres fan, siempre encuentras huecos para estar en las primeras filas. Desde ese punto, el sonido del directo que ha ejecutado Jacques Greene era bastante decente. Me dicen que más allá de la décima fila no ha sido tan bueno. Lo cual afea mucho uno de los lives preparados con más cariño que ha visto quien firma. Con su inseparable escudero Ango y una cacharrada analógica despampanante, Jacques Greene ha ido sirviendo sus temas, siempre acudiendo a las máquinas para darles un giro diferente. Desde los himnos facturados en su EP “The Look”(aprovechando la Roland, ha empezado con una versión de “Tell Me” muy parecida al remix que hizo Kingdom) hasta el inédito“Prism”, intercalando los temas editados en su sello Vase. En ellos Ango ha demostrado que con una calidad vocal discreta te puedes meter al público en el bolsillo a base de feeling. Distinción, originalidad y el balance perfecto entre momentos de baile y transiciones melosas en clave R&B. Si por mi fuera, le doblaba el caché y le petaba el rider de paletillas de Guijuelo. MF

    John Talabot (SónarHall)

    Segunda prueba de fuego para John Talabot en el terreno del directo y, de nuevo, superado con nota altísima. Esta vez tocaba adaptarse a un escenario más pequeño, recogido, oscuro y lleno hasta la bandera. Pero no hay ningún obstáculo que nuestro MVP particular no pueda sortear. Riverola y su compañero de sello Pional se repartieron las tareas vocales y de percusión del mismo modo que ocurrió en su reciente pase por el San Miguel Primavera Sound. El set fue el mismo, pero los visuales ganaron presencia y empaque, al situarlos en una pantalla justo detrás del dúo. Poco a poco, y nunca mejor dicho, fueron desgranando las mejores canciones de su estreno en largo, “ƒin”, un sensual house de beat lento. Dotaron a la voz de mucho más protagonismo que en el disco, especialmente en ese comunal cierre que fue “Destiny” –móviles bien en alto– y en los gritos asilvestrados, casi desesperados, de la enigmática “Oro Y Sangre”. Puede sonar atrevido, pero los centenares de personas que se congregaron en el SónarHall –muchos se quedaron fuera– fueron testigos de la consolidación de uno de los mejores talentos patrios electrónicos que ha dado este país en muchos años. AGM

    Peaking Lights (SónarComplex)

    Tremenda cola para acceder al SonarComplex minutos antes de que Peaking Lights iniciasen su concierto. Nada nuevo en las citas más tardías de las jornadas diurnas del festival, pero señal inequívoca de que la propuesta del dueto norteamericano se ha erigido en uno de los grow ups de los dos últimos años. En directo conservan el encanto lo-fi que transmiten sus discos, ese sonido casero y algo polvoriento, pero en ningún momento renuncian a la seriedad y fiabilidad de su propuesta, que mantiene ese embrujo de dub-pop evanescente y melodías envolventes que les ha convertido en un secreto a voces del underground electrónico estadounidense. Indra Dunis y Aaron Coyes se valen ellos solos para recrear con mucha fidelidad el universo onírico y litúrgico que consiguen en el estudio, y el marco del Complex ayudó a cimentar y fortalecer el sentido de la atmósfera y la melancolía confortable que guía sus composiciones. Fueron de menos a más y, lo más importante, consiguieron que no echáramos de menos nuestra cama y nuestros auriculares, hábitat natural para disfrutar de su música. DB

    Nina Kraviz (SónarDôme)

    El Sónar de este año está petado de maromos. Literalmente. A los hechos me remito: colas kilométricas en los lavabos de hombres, mientras que las colas para las chicas son mucho más llevaderas para las no entrenadas en los ejercicios de Kegel. La diferencia de género se palpa en cualquier rincón, pero hay que ver de qué manera se ha acentuado en la actuación de Nina Kraviz. Los aromas a macho cabrío, a charco de cerveza y a sudoración politoxicómana han recibido a la rusa, que lo primero que ha hecho ha sido avisar de que era su cuarto live. Y el que avisa no es traidor. El directo ha empezado sonando turbio (una lástima por “Ghetto Kraviz”, que ha sido la segunda canción del set, para deleite de la parroquia), aunque ha mejorado hacia la segunda mitad. Se comenta que ha tenido problemas en la prueba de sonido. Pero a las braguetas henchidas que me rodeaban les ha dado absolutamente igual cómo sonara. Encima del escenario Nina estruja más su sex-appeal que su equipo, y la fórmula funciona para los menos exigentes porque, de guapa que es, hipnotiza. Y para lo buena que está, no canta tan mal, como ha demostrado hacia el final de la actuación. Pero para los más exigentes este directo pasa justito el aprobado. Más house y menos morritos, por favor. MF

    2. Sónar de Noche

    Amon Tobin (SónarClub)

    Los cubos. Los malditos cubos. No sé si las ideas que se han presentado este año en el Sónar como la máquina de espejos de Daedalus o el casco neuronal de Masaki Batoh formarán parte del ocio del futuro o pasarán a la historia como ideas pintorescas de una tecnología obsoleta. Tampoco sé si los hologramas de artistas muertos seguirán cobrando millones de dólares durante mucho tiempo. Lo que sí que sé es que con la crisis de la industria musical hay cada vez más propuestas pioneras que nos sugieren cómo puede ser el entretenimiento del futuro. Entre ellas, la visualización de “ISAM”, sin duda alguna el álbum más difícil de Amon Tobin. Confieso que a veces me viene grande, con todos estos ruidos tan monolíticos: un disco que no gustará a fans de la música electrónica, pero sin embargo sí que puede agradar a seguidores del metal más industrial o el rock progresivo. Pues bien, en el escenario aparece una construcción cúbica de color blanco, una de cuyas unidades es la cabina en la que opera el músico paulista, la mayor parte de las veces tapada. Sobre la estructura se proyectan imágenes en movimiento que interaccionan con la geometría de los cubos: de galaxias, de una ciudad, de máquinas industriales con pistones monstruosos que nos aplastarían como una hoja de papel. De hecho, estos últimos ilustran a las mil maravillas el significado de los mamporrazos que son leit motiv del tema “Piece Of Paper”. La pantalla tridimensional en la que mora el músico como si fuera una crisálida con todo su alrededor moviéndose puede dar lugar a muchas interpretaciones, pero lo que es cierto es que el placer visual y el asombro  que nos produce son colosales, extraordinarios. Tobin intercaló en su concierto una minisesión de DJ suculenta en la que pinchó drum’n’bass aceleradísimo a lo Bad Company y medios tiempos hip hop blindados, momento en el que los chicos de V Squared Lab Studio con sus visuales casi no le pudieron pillar. DR

    Lana del Rey (SónarPub)

    La expectación en el masificado SonarPub hablaba por sí sola. Horas antes de su debut en España tuve la oportunidad de hablar con ella y me confesó que estaba realmente acojonada ante esta actuación (en breve podrán leer la conversación completa). Tenía motivos de sobras para ello. Este era su primer show en un festival, ese territorio en el que se dejan ver tanto los fans como aquellos más reacios al fenómeno que ha puesto patas arriba el pop de corte más melodramático. Ante este panorama sólo podían ocurrir dos cosas: o bien emulaba la desgracia acontecida durante su performance en Saturday Night Live o se venía con todo. No había espacio para las medianías. No obstante, gracias a los astros, al final ocurrió esto último. Cautivó con su naturalidad (repartiendo besos entre las primeras filas emuló el poderío de las folclóricas, cual Isabel Pantoja), con su saber estar en el escenario y el atino de su voz. Nada chirrío y se creció como nadie. Acompañada de un cuarteto de cuerda, un pianista y un guitarra, temas como “Blue Jeans”“Born To Die” o “Million Dollar Man” sonaron desnudas, sin ningún atrezzo de beat, manteniendo la sustancia jazzística con la que fueron pensadas. Más allá de presentarnos dos piezas inéditas (cogimos al vuelo el título de “Body Electric”), lo más destacable fue cómo bordó “Video Games” y consiguió que todo el mundo, sobreponiéndose a los pelos como escarpias (y los lloros de los talibanes más sensibleros en las primeras filas), ejerciéramos como coristas de esta noche de excepción. Lana del Rey nos enamoró y dejó claro que puede cantar jodidamente bien. Revelación total no, lo siguiente. Nos ha ganado de mala manera y la esperamos con impaciencia en breve. Más allá del personaje hay demasiado talento, por mucho que a algunos les pese. Sergio del Amo

    James Blake DJ (SónarPub)

    Toda la contención y la preocupación por cuidar el tono que muestra en sus grabaciones en el estudio deviene en libertad y despreocupación máxima cuando toca encarar una sesión de DJ.James Blake quizás despierta mucho más interés en su vertiente de artista que se propone defender a uñas y dientes su directo, con sus propias canciones, pero lo que hizo ayer en Sónar en calidad de DJ estrella no fue moco de pavo, todo lo contrario: arrancó su set con pinceladas de post-dubstep acelerado y musculado y poco a poco fue enriqueciendo el repertorio con destellos de R&B retocado, ragga o incluso hip hop. Todo a su bola, bien mezclado y desarrollado y planteado con una naturalidad envidiable, la de alguien que pincha y enlaza sin prejuicios ni limitaciones de ningún tipo pero con un encomiable sentido de la coherencia y la fidelidad a una serie de coordenadas sonoras cien por cien identificables. DB

    BBC Radio 1 presents Jack Beats, Annie Mac & Simian Mobile Disco (SónarLab)

    Así como el sonido de algunos escenarios diurnos ha sido uno de los puntos flacos del festival, es justo decir que en el apartado nocturno el despliegue técnico del festival brilla con todo su esplendor. Buena prueba de ello es el imponente sonido del Sonar Lab, que permite estar bailando a varias decenas de metros de la cabina, rodeado de miles de personas, y sentir la presión sonora como si de un club de techo bajo se tratara. Con un marco como este no es de extrañar que propuestas basadas en el torrente enérgico como las de Jack Beats arrasen con cualquiera que se ponga por delante. El dúo formado por Niall Dailly y Ben Geffin puso la directa desde el inicio y se centró en su característica combinación de house de tintes verbeneros con colosales líneas de bajo wobbly a cada cual más exaltada. Evidentemente no estamos ante adalides de la sutileza pero es, con un soundsytem de estas características, es difícil resistirse a sus embestidas de graves enardecidos.Annie Mac pareció empezar más comedida, escorándose hacia los ritmos rotos pero pronto retomó el camino de sus predecesores a base de house facilón que sonaba a una actualización de la pulsión jacking chicaguera desde una perspectiva UK. Apoyada por unos visuales algo pobres (parecía una animación del Real Player con el logo de la BBC revoloteando por encima), la DJ de Radio 1 hizo valer su condición de exalta masas con esporádicas proclamas micro en mano. Hits como el“Percolator” de Cajmere o el “212” de Azealia Banks pusieron el resto para que SónarLab entrara definitivamente en ebullición. A partir de ahí su sesión se convirtió en una sucesión de subidones estridentes y ritmos corpulentos que, de nuevo con el valor añadido del imponente sonido del escenario, resultaron de lo más efectivos para provocar el delirio general. Y es que a pesar de los evidentes tintes populistas de su propuesta, llegados a ese punto de la noche no era cuestión de bajar el pistón.Si hasta el momento la aplastante presión sonora había llevado en volandas las sesiones de Jack Beats y Annie Mac, Simian Mobile Disco se quedaron a medio camino. Y es que el sonido del directo del dúo británico resultó demasiado pantanoso y falto de brillo, hecho que provocó que acabara perdiéndose entre la inmensidad del escenario. Tal y como se esperaba, su actuación fue un repaso panorámico a distintas etapas de la historia de la música electrónica: hubo momentos techno de secuencias obsesivas, borbotones acid, ramalazos rave, house con bajos de corte clásico y guiños al pop como su “Cruel Intentions” con Beth Ditto. A pesar de que su propuesta siempre resulta expansiva y muy acorde con el componente aglutinador del Sónar de Noche, el lastre de un sonido demasiado apagado impidió que su directo fuera tan certero como cabía esperar. FS

    Friendly Fires (SónarPub)

    Ir a un concierto de Friendly Fires es tirar por lo seguro. Si te encuentras en plena madrugada perdido en la inmensidad de un festival, sin saber muy bien qué hacer, pero con ganas de mover el culo, el trío de St Albans te puede salvar la noche. Y vaya si lo hicieron ayer. De nuevo, demostraron su solidez como grupo, con una propuesta similar a la que exhibieron Cut Copy hace un año en el mismo recinto, pero con muchas más tablas –o, como mínimo, más ganas–. Se notó que en este último año su estatus ha crecido enormemente, pues el SónarPub estaba casi lleno, gran empresa teniendo en cuenta sus dimensiones. Como acostumbra, Ed Macfarlane ejerció de showman total con su habitual repertorio de bailes para encender al respetable y el acompañamiento instrumental volvió a dotarles de un plus de organicidad. Su dance-rock con toques de synth-pop verbenero, ideal para escenarios grandes y abiertos como el suyo, se creció, y las canciones de sus dos álbumes se fueron entremezclando con soltura, acentuando que “Pala” no es ni mucho menos un tropiezo. Sin trampa ni cartón. AGM

    Richie Hawtin (SónarClub)

    El incombustible Richie Hawtin reincidió en Sonar, donde ficha anualmente pase lo que pase, para hacer las delicias de sus fans en un set de dos horas que estuvo marcado por su linealidad y por el gran final estilo Plastikman (entre confetis). Escuálido y veraniego como siempre (no se despega de su look con flequillo y tirantes), compensó lo casual ibicenco de su atuendo con una puesta en escena espectacular, inundada de luces y desbordada de efectos. Pocas veces buscó la respuesta del público: Hawtin estaba concentrado, sin interacciones fiesteras, tomándose la sesión más como un puzle en tiempo real que como un pasa tiempo para clubbers: en cabina, un portátil, un controlador y un sampler, para ir montando loops como quien erigen los pisos de un rascacielos. El set empezó con el techno que más le caracteriza, pero rápidamente pasó a un estilo minimal algo más plano que se alargó más de lo deseado y dejó una sensación de que Hawtin no se atrevía a ir más lejos. Finalmente salvó los muebles con 15 minutos finales de techno más cercano al código Plastikman, con la caja de ritmos echando humo. Sergi Brunet

    James Murphy (SónarPub)

    La prejubilación le ha sentado más que bien el estadounidense. Desde que se despidió de LCD Soundsystem, Murphy ha explotado como nunca su venazo de DJ. Siendo puristas, puede que le falte algo de técnica para enlazar los temas y dominar esa montaña rusa que conforma el genoma de cualquier set. Pero reponiéndose de la macarra sesión que nos ofreció el pasado año (centrada en bajos pesados y techno de garrafón a altas horas de la madrugada), esta vez optó acertadamente por darnos un baño de funk y percusiones house (terracita playera en estado puro) que supo a gloria bendita. Con más canas que nunca, el gran capo mediático de DFA desempolvó su sabiduría en la materia con un DJ set incendiario que invitó al baile desde el primer segundo. Explotó como nunca su carácter más negro y todos respondimos a su llamada. Murphy es Dios. Y más cuando se muestra relajado y está predispuesto a ejercer de maestro de ceremonias de excepción como anoche. SdA

    Untold (SónarClub)

    Tras la tralla infernal de Richie Hawtin, el Sonar Club se fue vaciando y entró el set del británicoUntold. Un chaval holandés altísimo, metrosexual y peinado con raya perfecta estaba armando un gran revuelo saltando y esparciendo a larga distancia el confeti gigantesco del suelo de las primeras filas del recinto. Tenía dos mensajes para mí, con las cuencas de los ojos a punto de salirse: el primero, presentándome a una amiga suya, me dice “she’s fat”, lo cual es una grosería imperdonable, siendo la moza robusta pero de buen ver; el segundo, mirando a  Jack Dunning pinchar, comenta:“this is techno music: loud and clear”. Desaparece. Pero sí, tiene razón: Untold es la vuelta a las virtudes clásicas del techno. Nada de distorsión ni cuentos chinos. Mucho espacio. Cada elemento con el volumen que le corresponde: un bajo robusto, con cierta rugosidad, como Basic Channel pero más corpóreo combinado con un estricto 4×4 y sonidos metálicos e industriales. Pocas incursiones al dubstep o a los híbridos de este estilo con el techno –escúchese Hemlock– pero una sesión de postín. Loud and clear. DR

    Fatboy Slim (SónarPub)

    Fatboy Slim apareció en el SonarPub con un show en toda regla: más que un DJ, lo suyo parecía un circo, y más que la música lo importante era el momento, la comunión con ese sector del público que aguanta hasta el final con entereza, y que disfruta –¡eran las cuatro de la mañana!– el envoltorio que acompañaba al set del extrovertido y veterano DJ inglés. Nos vendió un directo, pero al final fue un set de DJ (o quizá un pre-grabado con todo el morro; con Norman Cook es mejor ser precavido), pero que dispuso todo lo necesario para arrasar como espectáculo: luces estroboscópicas, láseres, brazos homínidos al aire, una gran intro de presentación, música mainstream y entrega exagerada, incluso violenta, y una pantalla gigante con vídeos e imágenes que ayudaban a conformar una locura muy del estilo Fatboy Slim. El recorta y pega incluyó los mejores momentos de su discografía –“The Rockafeller Skank”“Right Here, Right Now”“Praise You”“Bird Of Prey”– con pellizcos de hitazos de radiofórmula, clásicos e ingesta brutal de cerveza. SB

    Crónica del sábado

     
     
    Sónar 2012: la crónica del sábado | PlayGround | Articulos Musica
    Sónar ha culminado su edición más exitosa en 19 años de historia, con cerca de 100.000 asistentes en tres días. Pero también ha sido un éxito artístico. Repasamos el último día, en el que dominaron los escenarios New Order, The Roots, Metronomy y Hot Chip.
    Después de 19 ediciones, Sónar ha encontrado un nuevo tope. El total de asistentes que han pasado por el CCCB de Barcelona y el recinto de Fira Gran Via de L’Hospitalet ha estado alrededor de la cifra mágica, redonda y nunca antes alcanzada por el festival de las 100.000 personas –en concreto, 98.000, en datos de la organización– y estamos, por tanto, ante el Sónar más exitoso de todos los tiempos. Pero no sólo ha sido un triunfo en público: también en música. En la última jornada nos dejamos llevar por la fuerza del pop electrónico y nos dejamos querer por Metronomy, Hot Chip y New Order, tuvimos el privilegio de ver a The Roots en directo y volvimos a asistir, otra vez, al futuro de la música en tiempo real. Comenzamos con el repaso.1. Sónar de Día

    Santiago Latorre (SónarDôme)

    Qué tipo tan entrañable Santiago Latorre; tanto como su música. Preocuparse por el público (escaso y mayoritariamente nacional) y por cómo encontrar la mejor manera de que disfrute al máximo de su directo no es algo que se vea mucho por los festivales. Antes de empezar el directo, se han repartido antifaces para que los presentes aislaran los estímulos visuales –y, tal y como él mismo ha indicado, para no ver camisetas de tirantes– y así centraran su percepción en el oído. Latorre ha repasado discografía, disponiéndola de tal manera que uno se iba introduciendo en su mundo poco a poco para acabar totalmente inmerso en la calma. Primero su susurrante voz, luego los pasajes ambientales, después el envolvente sonido del clarinete, así hasta llegar a esas armonías trascendentes, acabando el culmen con el canto gregoriano moderno llamado“Si El Sol No Calienta” y que está incluido en su último disco. Es posible disfrutar de un directo de electrónica pausada en el SonarDôme, aquí tenemos la prueba. Mónica Franco

    Cornelius presents salyu x salyu (SónarHall)

    Japón en estado puro. De lo visto estos días en el SónarHall la puesta en escena y el concepto de show que propuso Corneliusvenía para aportar esos matices de exotismo y esencia nipona que tanto gustan por estos lares. A su banda de músicos les acompañaba un cuarteto de féminas vestidas de blanco que se amoldaban al pop de matices indietronicos de Keigo Oyamada, hiperactivo durante todo el show alternando todo tipo de instrumentos y dirigiendo desde la retaguardia la particular paleta cromática de sus canciones, las que repasó ayer en una línea menos explosivamente bailables de lo que era habitual en sus inicios. Cornelius optó por revisar “Salyu X Salyu”, y en esa tesitura se concentró en su versión de baja intensidad, jugueteos electrónicos, flirteos indietrónicos y una idea más monocorde y uniforme de su discurso. El show fue de más a menos, sobre todo superado el efecto sorpresa del arranque, y acabó algo mecanizado y automatizado. David Broc

    Darkside (SónarVillage)

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    Primero las presentaciones. Darkside es el proyecto paralelo que inició hace cosa de un año Nicolas Jaar junto a Dave Harrington. A finales de año publicaron un maxi en el sello del neoyorquino, Clown & Sunset, con tres cortes que exhibían una amplia paleta de sonidos: dub, jazz, funk, rock y más. El psicodélico set que ofrecieron ayer por la tarde fue de sus primeros, pero su compenetración fue máxima. Situados frente a frente, Nico cantó y llevó el mando de su laptop y los sintes, mientras que su aliado se encargó de la guitarra. Su música, irresistiblemente sexy, deleitó especialmente a aquellos quienes preferían el baile horizontal, sintiendo ligeros hormigueos cada vez que sus elegantes beats penetraban sus oídos. Aunque también hubo momentos en los que pisaron con violencia el acelerador, como esa “A1” estirada como un chicle y subida de revoluciones hacia el final. Hubo abundancia de temas nuevos, que con seguridad se incluirán en ese álbum de debut que prometen para finales de 2012. Gustó especialmente uno en el que mostraron una sensibilidad pop algo inesperada, con la refinada voz de Jaar y un Harrington, muy a lo Chris Isaak, creando unas atmósferas densificadas con feromonas. Álvaro García Montoliu

    Maria Minerva (SónarComplex)

    Primer evento del showcase de 100% Silk. Ataviada con ropa estilo tenista, la estonia llegó al Convent dels Àngels disculpándose por la cancelación de su concierto madrileño y admirándose por ser éste su primer bolo con valla de seguridad. Sobre unas bases totalmente pregrabadas, su directo tuvo como fuerte las improvisaciones vocales y unas coreografías espasmódicas pero poderosas: con el cabello alborotado por encima de la cara, Minerva tenía el carisma de un chamán tribal. El repertorio estuvo formado por los temas más bailables, dejando a un lado las canciones más etéreas y remodelando otras, como “Soo High”, que sonó mucho más disco y acabó con un final catártico, mini versión noisy de “Love Is Stronger Than Pride” de Sade incluida. Muchas más sorpresas hubo, puesto que la linealidad no es lo suyo. También aprovechó para presentar un tema del nuevo álbum, con un sorprendente bajo por lo grueso que sonaba. Ya al final, descalza sobre el escenario y con una larga ovación del público, la báltica alzó sus zapatos deportivos como agradecimiento al público. Si, acertaron: es una freak. Pero con talento, y mucho. Se está gestando una estrella. Dani Relats

    Star Slinger (SónarVillage)

    Las masas, deseosas de quemar las calorías del hot dog de turno (el alimento base de cualquier animal festivalero que se precie), recurrieron al productor británico para que les guiará en este propósito. Podría haber incluido de todo en su set, pero el de  Manchester fue por el camino fácil a sabiendas de que a esa hora uno no quiere enfrentarse a sesudas melodías encriptadas. Sonó desde el “Bamboo Banga” de M.I.A., pasando por el siempre recurrente “One More Time” de Daft Punk (dopado de bajos bien gordos) o ese “Lady (Hear Me Tonight)” de Modjo filtrado por la turbina dancehall, así como un montón de otras producciones suyas y edits. Ya pueden imaginarse la respuesta: algún que otro brazo en alto a modo de celebración al inicio de cada mezcla y algunas intrépidas haciéndose notar en el siempre dificultoso arte del booty shake vespertino. Entretenimiento en vena que entró la mar de bien para hacer más amena la espera de LA Vampires.Sergio del Amo

    Diamond Version + Atsuhiro Ito (SónarHall)

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    ¿Cuándo nos han decepcionado las gentes de Raster-Noton? Probablemente jamás, por eso repiten año sí año también en Sónar con shows, a menudo casi exclusivos, para sibaritas de la electrónica. Si lo del año pasado con Cyclo ya fue de toma pan y moja, la nueva reencarnación de Alva Noto y Byetone, fundadores del sello, como Diamond Version junto al artista japonés Atsuhiro Ito fue un espectáculo impactante en lo visual y lo sonoro. Pocos eran los afortunados que los habían visto hasta ahora, por lo que la propuesta era doblemente atractiva (quizá no habrá una segunda vez). Mientras los alemanes lanzaron ondas de un techno bien limado, de formas minimalistas, rudo, industrial y seco, el nipón se dedicó a profanar tímpanos a través del Optron, un tubo fluorescente modificado para utilizarlo como fuente sonora. El experimento fue del todo menos extravagante, pues el tubo funcionó como un instrumento al uso, hasta tal punto que el nipón lo manejó como si fuese una guitarra. Así, la simbiosis entre las dos fuentes sonoras fue total. Ito ofreció buenas dosis de ruido brutal, directo a la yugular, que junto a los atronadores subgraves de la dupla teutona sacudieron a los presentes con una virulencia tan fuerte como la del Terremoto de San Francisco de 1906. Los visuales, portentosos a la vez que sobrios, echaron el resto. AGM

    Magic Touch (SónarComplex)

    La sección del showcase de 100% Silk que tuvo lugar en el SónarComplex dio pie a una situación curiosa. Y es que, quizá a raíz del reducto de oscuridad que ofrecía el escenario, el publico que se congregó ahí tenía más de fiesteros insaciables que de escudriñadores de sellos trendy. Para los primeros, el directo de Magic Touch fue verdadero maná. Damon Palermo presentó un set que rebosó aromas old school, empezando por la puesta en escena; sin laptop y armado únicamente con un sampler Akai, un secuenciador Yamaha QY700 y un sintetizador. Del mismo modo, en el plano musical su set fue una sucesión de referencias al house clásico de ascendencia noventera; adustos ritmos analógicos, pianos extáticos, vocales con sello rave y profusión de melodías y atmósferas entre luminosas y psicodélicas que señalaban directamente al summer of love británico. Todo ello resultó en una descarga de sonido primario (en el mejor sentido del término) y energía descarnada que acabó convirtiendo el Sonar Complex en lo más parecido a una warehouse party que se ha vivido en las jornadas diurnas del festival. Franc Sayol

    DJ Harvey (SónarDôme)

    Cuando Trevor Jackson está en primera fila para ver actuar a un DJ es que algo importante está a punto de suceder. Y es que nadie puede discutir el aura de leyenda que rodea a DJ Harvey. Del mismo modo, nadie puede poner en duda su dominio absoluto del hechizo colectivo. Parapetado detrás de un mixer Bozak, un ecualizador de 5 bandas, filtros “crossover” y unas gafas de sol que le daban un aire a Eugenio, el mítico DJ británico dio una lección de cómo llevar a un público a la catarsis danzante. Y eso que su sesión fue un tanto extraña. ¿Quién podía esperar que pinchara el remix de Holden del “The Sky Was Pink”? ¿Y que lo mezclara con el “Poney” de Vitalic? Probablemente en manos de cualquier otro DJ del festival esos tracks hubieran sonado a recurso ultra-manido pero, en ese preciso instante, parecieron los tracks que todo el mundo parecía querer oír. La magia del alquimista. A medida que avanzaba la sesión las cosas volvieron a su cauce a base de clásicos disco como el “Do You Want My Love” de Debbie Jacobs o el “Wardance” de Kebekelektrik. Un acento discoide que se mantuvo hasta el final y mantuvo al público en un estado de efusividad permanente, derroches de sudor y palmas incluidos. Para los connoisseursprobablemente no fue una sesión antológica, pero seguramente fue la más conveniente para el momento. El variopinto público del Sónar ya ha cogido mucha carrerilla un sábado por la tarde y treinta años desarrollando tu instinto en las cabinas son demasiados como para no saber leerlo a la perfección. FS

    LA Vampires (SónarVillage)

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    Sigamos con 100% Silk. Amanda Brown, la jefa del sello, nos presentó en directo su peculiar versión de la música house. Frecuentemente se compara el género como una liturgia donde el predicador es el Dj, que promete a la parroquia, es decir al público, todos los manás del Paraíso, es decir la “Good Life”(Inner City) en una “Promise Land” (Joe Smooth). Siguiendo el símil, LA Vampires es el equivalente de alcantarilla: un rito satánico para un tropel de ratas a las que se arrastra al lado oscuro. O al menos, eso se deja entrever en la poderosa“Wherever, Boy”, con la que abrieron el directo, que funciona como versión apócrifa de “Good Life”. Mala vida. Es curioso que Amanda, con una actitud más parecida a los deejays jamaicanos o a los MC’s de drum’n’bass que a una cantante de pop, se situaba al lado de sus compañeros de grupo para mejor feedback y raramente ejercía de frontwoman. Su repertorio, siempre bailable y cargado de reverb, a veces se volvía más corpóreo, más punkie, rememorando los clásicos de Zé Records, que tan en desuso han caído. Como anécdota, durante la recta final, María Minerva rompía su imagen etérea zampándose un bocadillo de tortilla de patatas de barra de cuarto en el lateral del escenario. DR

    The Suicide Of Western Culture (SónarHall)

    Veinticuatro horas después de que John Talabot volviera a afianzarse como héroe nacional, The Suicide Of Western Culture repitieron con maestría la hazaña en el mismo lugar y a la misma hora. El SónarHall les fue que ni pintado para su hipnótico apocalipsis sonoro. Dejándose querer únicamente por el reflejo de sus proyecciones (que tanto se focalizaban en la Guerra Civil Española como en las sinergias del hombre y la máquina) y sus características capuchas (pese a estar poco tiempo con ellas, suponemos que por el calor ambiental), el dúo no sólo desgranó con violencia ese debut que les ha hecho convertirse en uno de nuestros mayores embajadores electrónicos, sino también alguna píldora de ese segundo álbum (en concreto, la prometedora “Love Your Friends, Hate Politicians” y “El Cristo de la Buena Muerte” como colofón final) que en otoño volverá a teñir nuestras vidas de ensordecedoras melodías industriales. Su directo, a medida que pasa el tiempo, es aún más sólido, emocionante y visceral que el anterior. Cada día su número de feligreses crece como la espuma. Y con razón. SdA

    Ital (SónarVillage)

    Tenía mis reservas de cómo iba a funcionar el live de Ital en un SonarVillage que, minutos antes de que saltara a escena Daniel Martin-McCormick, era como si hubieran juntado a los cástings de “Walking Dead”, “Camorra” y “Skills” en un telefilme. Sin embargo, tampoco esperaba que el directo de Ital fuera a prescindir prácticamente de toda esa influencia soul y house añejo de diva para invocar a los dioses del intelligent techno más asilvestrado. Las ráfagas de sintetizadores asesinos, las melodías eufóricas y esquizoides y un azote de “bumbum” galopante han mantenido en movimiento a la gran mayoría del recinto. Incluso “Only For Tonight” ha sonado como si fuera parte de una rave en la campiña inglesa a principios de los noventa. Pero tengo mis sospechas de que ese movimiento era pura inercia después de dos días (o más) de fiesta y baile incesante. MF

    Arbol (SónarComplex)

    “She Read The Wrong Book” ha servido de inmejorable excusa para que Miguel Marín se haya planteado nuevos retos y nuevas maneras de expandir su música, sobre todo en el formato del directo. En la presentación del mismo en el SónarComplex, actuación de cierre del festival en este escenario, el músico y productor español se rodeó de una banda al uso –con chelo, violín, guitarra o percusión, con todo tipo de detalles– para trasladar con la mayor fidelidad posible la esencia de un álbum en que Marín ha querido potenciar e intensificar más su vertiente más de bandasonorista en potencia que de agitador ambient. Eso se dejó notar, con mucha clase y sutileza, en un show de perfil íntimo y delicado que estrechaba claros lazos con la neoclásica y se alejaba con cierta intención de la vertiente más flotante y evanescente de su música. Esta cara más orgánica y emotiva de Arbol tiene miga y mimbres, y la formación que le acompaña los sustenta con creces. Mario G. Sinde
    2. Sónar de Noche

    The 2 Bears (SónarPub)

     

    Cuando les confirmaron saltamos de alegría de nuestras sillas, ya que “Be Strong” nos ha dado grandes alegrías en los últimos meses. No obstante, el shock se diluyó cuando leímos la letra pequeña y nos dimos cuenta de que no se trataba de un live al uso, sino de su debut en Sónar en formato DJ. Me acerqué con pocas expectativas, pero al final resultó ser un acierto de los grandes. Raf Rudell y Joe Goddard no sólo son unos sabios del house y los ritmos cálidos, sino que además son capaces de mantener el pulso de una sesión que no se resiente en ningún segundo (salvo en ese “Jump To The Beat” que les jugó una mala pasada técnica nada más empezar). A falta de la espectacular “Gabriel”, nos dejamos el alma bailando el remix de Goddard del “Shining Star” de Nneka. Pero lo más destacado fue ese instante de felicidad absoluta en el que los dos osazos por excelencia agarraron el micrófono y pusieron todo patas arriba poniendo sus voces (en directo) a la siempre a reivindicar “Bear Hug”. Desbordan clase y saber estar por todos sus michelines. SdA

    New Order (SónarClub)

    El segundo round de New Order en Sónar, esta vez para todo el mundo –previo pago de entrada, claro– y no sólo para los afortunados con invitación que habían comprado decenas de cascos de cerveza, tuvo lo mismo que el concierto del jueves pero en versión condensada: sólo una hora en la que se obviaron algunas canciones menores, pero en la que se reforzó el aparato de hits con “Bizarre Love Triangle”, “The Perfect Kiss”, “586”, “Blue Monday” y los inevitables pases de Joy Division –“Isolation” y esa “Love Will Tear Us Apart” tan de vergüenza ajena del final– para dejar a todo el mundo satisfecho, desde el neófito que les considera “los padres de la electrónica” (sic) hasta el fan poco exigente que sabe que a estas alturas de su carrera ya no se le pueden pedir peras al olmo y que New Order, en directo, te dan una de cal y otra de arena. Nos quedamos con la cal, por tanto, y con la iluminación azul y la potencia de la banda. MGS

    The Roots (SónarPub)

    La noticia que no es noticia: The Roots son demasiado buenos, el gran quebradero de cabeza de cualquier grupo o artista que comparta escenario con ellos en un festival. Te crujen vivo. Y tan cierto es que los medleys de versiones que incluyen en todos sus shows –ayer con “Sweet Child O’ Mine” a la cabeza– tienen un punto kitsch de orquesta de fiesta mayor como que es fácil perdonárselo por todo lo que ha venido antes y lo que llega después. Y ahí sí hubo noticia: el grupo de Filadelfia no cedió ni un solo minuto de su show para revisar “Undun”, ya no sólo uno de sus tres mejores álbumes sino la principal noticia por la que la banda está de gira por Europa estos días. Desconozco si esta marginación se debe a razones de contexto –su repertorio, atiborrado de clásicos antiguos, fue especialmente ‘festivalero’– o a razones artísticas –dado su carácter conceptual y narrativo, si no lo interpretas íntegro quizás pierde sentido y personalidad–, pero más allá del ligero chasco de no catar en directo esta obra maestra las sensaciones con el concierto no pudieron ser mejores. Sobre todo en los primeros cuarenta minutos: arranque a cuchillo con homenaje a Beastie Boys –versión sui generis de “Paul Revere”– y retahíla de hits entre los que incluyeron “Proceed” y “Mellow My Man”, sentidos recordatorios de sus inicios. La banda, impecable y rejuvenecida mental y musicalmente: agradezcamos al señor Fallon esta versión mejorada, más rodada y engrasada, de unos The Roots en estado de gracia que han crecido de la única manera posible, ni más ni menos que tocando y ensayando más. Para el final, la traca: “The Seed 2.0” y su particular versión del “Men At Work” de Kool G Rap. A modo de guiño, y cuando el grupo ya enfilaba rumbo a los camerinos, los bafles empezaron a escupir “The Other Side”, uno de los momentos cumbre de “Undun”. Actitud. DB

    Metronomy (SónarLab)

    Con “The English Riviera” los británicos no sólo pasaron a ser un cuarteto sobre el escenario, sino que endulzaron sus melodías dando carpetazo a los postulados nu-raveros de sus dos discos anteriores. El cambio para algunos puede haber sido para peor. Sin embargo, gracias a esta metamorfosis (aparte de haberse ganado las simpatías de una nueva legión de fans) pueden permitirse el lujo de presumir de clase y de sonar mucho más orgánicos que nunca. Centrándose casi exclusivamente en su última criatura (aunque también hubo espacio para rescatar antiguas perlas como la juguetona “Heartbreaker”), la banda dio sentido a su nuevo estatus con un directo potente y sobrado de hits (los de su trabajo más reciente) que relujo de una consistencia envidiable. Uniformados con camisas blancas (salvo Anna Prior, convertida en tiempo récord en nueva musa de la batería) parecían la típica banda que puede encontrarse en un crucero. Pero lo más importante del asunto es recalcar que el cambio de formación, sonido e intencionalidades juega en su favor y les está llevando por el buen camino para convertirse en breve en un referente indie de los grandes. El reto, sin duda, llegará con su próximo disco. SdA

    DJ2D2 AV SHOW (SónarPub)

    La sesión audiovisual del Dj barcelonés parece una versión de larga duración de aquel maravilloso tema llamado “Rappcats” de Quasimoto: un trepidante homenaje a la historia del hip hop, al mismo tiempo didáctico y bailable, que sirvió esta noche como complemento a la lección magistral –llámenle  chorreo, si quieren- que nos dieron The Roots. El formato visual no está constituido únicamente por el videoclip original, sino que 2D2 aporta sus propias imágenes: el vídeo de “Sound Of Da Police” de KRS-One contiene filmaciones de los Mossos aporreando manifestantes durante el 15-M. Alguien dijo que si hubiera rappers catalanes comprometidos, Felip Puig, el Conseller de Interior, sería nuestro Giuliani. Ahí queda. Y con ello una retahíla de hits: la remezcla de “Paid In Full” de Eric B & Rakim a cargo de Coldcut, que jamás escuché con un sonido tan perfecto –gracias a la acústica del Sonar Pub-, una relectura Moombathon del “Intergalactic” de Beastie Boys, el “Can I Kick It” de A Tribe Called Quest y algunas otras rolas no tan hip hop –Adele, Bob Marley, Specials- introducidas en la mezcla con impecable maestría. Un formato a consolidar. DR

    Maya Jane Coles (SónarLab)

    La señorita Maya Jane Coles ha recogido el testigo con el SonarLab hasta los topes después del concierto de Metronomy. Ha quedado claro por el nivel de afluencia y por la diversidad del público que la capacidad de atracción de esta chica es muy amplia. La preceden sus referencias en Hypercolour, 20:20 Vision, Mobilee y su “DJ Kicks”, en el que demostró que tiene calidad tanto para producir como para seleccionar y mezclar. Esta noche Maya Jane Coles no ha querido arriesgar con la selección saliéndose de su zona de confort, su maleta no ha contenido nada que no se pueda encontrar en las cubetas de tech y deep house, lo que me lleva a pensar que quizás hubiese sido más idóneo encontrársela cerrando el escenario. Sin embargo, tiene un don natural para estar encima de la mesa de mezclas, controlando milimétricamente cada grave que rompía, cada melodía que entraba, tal y como ella misma hace en sus canciones. Y eso le ha permitido conectar en todo momento con la masa, con “Parallel Worlds” como highlight de la sesión. MF

    Die Antwoord (SónarClub)

    Por si el año pasado alguien se perdió la actuación de Die Antwoord, este año los surafricanos volvían a repetir, habiendo refrescado previamente su repertorio con su último disco “Ten$ion”. Y, por tal y como lucía el SonarClub, también habiendo crecido en número de fans y expectación. Ninja, Yo-Landi y un DJ Hi-Tek que parece haber hecho la dieta Dukan durante los últimos meses han pisado el stage con algo de retraso, pero los primeros compases de “Enter The Ninja” han propiciado la locura prematura y por tanto el perdón de los surafricanos por la demora. Han sonado temas nuevos, también las canciones de su primer disco, ¡hasta hemos visto a Ninja echarle unas frases al“Orinoco Flow” de Enya! (respeto máximo). Puede que la propuesta musical de estos licenciados en Bellas Artes convertidos en personajes de gueto no te convenza, pero hay que decir que encima del escenario, representado esos papeles, son puritito entretenimiento. Un mar de manos en el aire y bailes dispares durante casi la totalidad del concierto lo certifica. MF

    Hot Chip (SónarPub)

    Estos londinenses son la hostia. Podemos entrar en debates inútiles sobre cuál es su mejor disco o si “In Our Heads” innova o no, pero lo que está claro es que cuando Hot Chip se suben al escenario se empeñan en que absolutamente nadie salga decepcionado. De las muchas veces que los he podido ver, ­nunca han ofrecido un espectáculo que bajase del notable, y alguno lo catalogaría de histórico. Anoche cambiaron ligeramente el guión. En lugar de ofrecer un set con alguna baladita, salieron a piñón (hasta desprendieron a “Boy From School” de su halo cándido e inocente y la convirtieron en una apisonadora verbenera). Así, convirtieron a sus canciones en Walter PPK apuntadas hacia la sien del público incitándole a bailar hasta que le saliese callos en los pies. Sonó lo que tenía que sonar, lo mejor de ayer (“Over And Over”“I Feel Better”“Ready For The Floor”) y de hoy (“Flutes”, “Night And Day”) y hasta se sacaron de la manga una respetuosa versión de“Everywhere” de Fleetwood Mac. Además, su actitud sobre las tablas fue la de siempre: carisma infinito con un Alexis Taylor que parecía un cruce entre Super Mario y un mecánico de Fórmula 1 y un teclista con un repertorio de bailes desenfadados que contagió muchísimo buen rollo al personal.AGM

    Azari & III (SónarLab)

    Había ganas de ver por fin a Azari & III en una cita multitudinaria como el Sónar. Especialmente porque quienes les habían podido ver hablaban maravillas de un directo con una puesta en escena low-cost, pero irresistible. Los dos principales culpables son esas mamarrachas que llevaban como coristas y bailarinas, Fritz Helder y Starving Fut Yell. Mientras Dinamo Azari se ocupó de la percusión y Alexander III de los sintetizadores, las dos divas negras deleitaron al público con bailes voguing que fueron el despiporre (especialmente brillantes estuvieron en “Reckless (With Your Love)”). Les falta algo para ser Aerea Negrot de Hercules & Love Affair, pero por ahí van los tiros. El cuarteto canadiense se ciñó a ese house clásico y queer que llevan reivindicando desde hace unos cinco años con algunos virajes hacia el acid. Fue tal su homenaje que tuvieron el buen gusto y el acierto de regalar una colosal versión del “No Way Back” de Adonis. En pie y aplaudiendo AGM

    Mary Anne Hobbs b2b Blawan (SónarPub)

    Mary Anne Jobs con su chaqueta de lentejuelas enfrentándose a Blawan con sus bíceps tatuados. Una sesión de techno estricto con escasos destellos bass, cosa que esperábamos en él pero que no nos imaginábamos de ella. Podemos decir que la Dj británica estaba jugando en campo ajeno, mientras que Blawan estuvo muy a gusto, incluso para experimentar con bases y ponerles acapellas de R&B o de spoken word. La sesión fue subiendo de intensidad cuando él se puso al mando y lo que se escuchó entonces fue hard techno hasta que al final acabó en una bacanal de frecuencias entre drónica e industrial que fue para quitarse el sombrero. DR

    deadmau5 (SónarClub)

    Por el recinto se iba paseando un tipo con una cabeza gigantesca de ratón –con el que hasta me hice una foto, como tanta otra gente–, el mismo cabezón que Joel Zimmerman se encasqueta cuando tiene que tocar en directo, y una majadería así ya dice mucho sobre el nivel de popularidad que ha alcanzado el canadiense. En definitiva, deadmau5 es ya uno de los productores más famosos y reconocidos en el mercado electrónico actual, e invadió de electrohouse el escenario SonarClub con ráfagas de LED multicolor –pasó del negro al rojo, del rojo al verde y así sucesivamente– a partir de un inicio espectacular cargado de sonidos retumbantes y duros. Espectacular. Su directo estuvo marcado por esa espectacularidad –incluido un inteligente uso del vídeo y la imágenes 3D– y por la continuidad relampagueante de sus hits: “Ghost N’ Stuff”“Sofi Needs A Ladder”“Strobe” y en este plan, con guiños reconocidos a Daft Punk. Todo ante un espacio pletórico y abarrotado que acabó concediéndole la razón a su propuesta: lo más bestia, posiblemente, que existe ahora mismo en cuanto a música de baile para las masas. Sergi Brunet

    Hyperdub presenta Cooly G + Kode9 (SónarLab)

    Tras el huracán Azari & III y la posterior desbandada general en el SonarLab, Cooly G inauguraba el showcase de Hyperdub. Venía con directo nuevo, basado es su álbum de debut en el sello de Kode9, que verá la luz a mediados del mes que viene. Si la promo de ese disco ya nos advertía de que íbamos a encontrarnos con una Cooly G mucho más introspectiva, más soul y menos dada al baile, esta noche lo hemos certificado. También hemos certificado que le ha cogido el gustillo a lo de cantar, pues casi todo el tiempo la hemos encontrado empuñando el micro, acompañando los sonidos de su laptop. Poca reacción por parte del público, algunas cejas levantadas cuando ha sonado su versión de “Trouble” de Coldplay, uno de los temas del nuevo disco. Suponemos que no ha sido su elección, pero la actuación de Cooly G hubiese sentado mucho mejor bajo la luz del sol, a media tarde, en las dependencias del Sónar de día.Lugo, Sir Steve Goodman, el rey Midas del hardcore continuum, a los platos. Y eso es sinónimo de expectación. Hasta Flying Lotus se ha acercado al escenario para ver la actuación del capo de Hyperdub. Y es que cualquier persona que quiera llegar a ser alguien dentro de una cabina debería tomar buena nota de las maneras de Kode9. Para él no existen las barreras estilísticas, y encima le sobra set para demostrarlo. Sólo con las cuatro primeras canciones, en las que ha empalmado UK garage, UK funky, grime y hip-hop, ya tenía al público totalmente desbocado. Goodman no se ha quedado en estos cuatro estilos, todo lo contrario. Ha explorado las fronteras de la música de baile moderna, sacando a paseo tanto a nuevos valores como Ill Blu, himnos neonatos como el “Woo Riddim” de S-X o auténticas glorias como Africa Hi-Tech. Para acabar a 160 bpms con footwork y jungle. Por el bien de la humanidad, alguien debería haber grabado y colgado este set en internet porque ha sido una clase magistral de electrónica bailable. MF

    Modeselektor (SónarPub)

    Die Antwoord ya lo dijeron al final de su concierto, algo así como “nadie nos va a  decir lo que debemos hacer, nosotros somos quienes ponemos las reglas”. Pues eso se aplica de maravilla a Modeselektor. Siempre que vienen hacen lo que les da la real gana: saludan al público en un español paupérrimo con filtros de voz incluidos, abren con un tema wonky, lento, sinuoso y con un sinte que recordaba a Gerson Kinsley, siguen con el crunk más macarra –recordemos que cuando salió su “Hello Mom!” les colgaron la etiqueta de eurocrunk, qué tiempos aquellos-, pinchan a sus amiguetes los rappers franceses TTC, escenifican una conversación de teléfono ¿con su mamá?  y, una vez acabada la broma, nos parten la madre pisando el acelerador con un techno saturado pero muy bailable: que aprendan algunos. Un set frenético y muy, muy gamberro. DRPor: David Broc,  Sergi Brunet,  Sergio del Amo,  Mónica Franco,  Álvaro García Montoliu,  Franc Sayol y Mario G. Sinde Fuente: Play Ground

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